EL RATÓN EN LA ALDEA DE ORENSE
Hasta que llegó el ratón de navegar por la Red a la aldea de Os Peares, villa natal de Alberto Núñez Feijóo; cualquiera te la podía pegar con queso. Gracias a tan fantástico descubrimiento, uno podía saber si el mordisco iba de tetilla de la chachilona gallequiña, o era un ungüento de mercadería de marcablanca del Súper pasteurizado, de leche de la vaca Marcelina. Esa es al menos la sabia justificación que nos ha dado de don Alberto, asaeteado hasta el Averno por su amistad con el contrabandista y narco Oubiña. Por lo que se deduce que, el cuento de cómo descubrió al lobo disfrazado de su abuelita, es una trola inmensa, si la niña no llevaba por el bosque el móvil conectado a internet. Pero lo que va de rollo de ciencia ficción para la Nube, es el mensaje que por varios sitios me ha llegado, en la antesala de esta jornada infatigable de reflexión. Resulta que la chacota ha dado, para que algunos nos pasen por la tunelería del tiempo, que de ganar uno de a dos, volveríamos atrás como 40 otoños. Inmediatamente me han sugestionado por la vuelta a rellenarme la calva con pelusa suicida, recuperar mis viejas agilidades, restablecer las enflaquecidas ilusiones de antaño; también el inicio de mi larga marcha de edil de Cultura, por repetitivo, el más pesado de la historia municipal democrática constitucional de España. 40 años no es nada, si de recuperar el tiempo perdido se trata, hasta de estar más aliquindoi a la hora mejorar el tejer las mallas del progreso vivido. Pero me temo que la exageración no es tanta, si por acá o por acullá, el lunes nos encontramos de frente, con todas aquellas cosas de los años grises de que tuvimos que superar, con los mejores años de la Transición.
Curro Flores
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