EL BOTIJO SEQUITO
De pequeño acompañaba a mi abuela con el cántaro a la fuente, medio kilometro de vuelta sujeto a la cintura, tan pequeña y mayor, pero no le era un suplicio lo que para mí era cosa titánica. El pozo de la vivienda era del agua insufrible que no podían beber ni los borricos.
Ya de imberbe político, mitineaba en Vélez Málaga, acompañado al inolvidable Senador, vuelto del exilio, Antonio García Duarte; habría el cartel del primer mitin socialista en un cine de verano, el que fuera posteriormente su primer alcalde de la Transición, Juan Gámez. El querido Juan, era por aquellos campos de regadío, el alcalde de las aguas de axárquicas; por lo que instruyó al auditorio enfervorecido, sobre todos los problemas del sector agrícola de la comarca. La cosa la alargó en demasía, desde el tomate hasta llegar a las patatas; todavía no se conocía el cultivo del aguacate y el mango que ahora producen hasta para los más exigentes mercados europeos, cosa lejana.
Ayer se el problema de la falta de agua intimó mis nuevos desdenes; los alcaldes recién elegidos, han puesto el bastonazo a funcionar, para reducir el consumo de la población. Inmediatamente el sector del turismo con el aforo repleto, ha lanzado su protesta porque las restricciones le pueden afectar a los veraneantes. Imaginen al regante o a la que se le mustian las macetas.
“El agua de mayo, pan para todo el año…”, dice el sabio refranero; pero con la lluvia caída, aparentemente copiosa tras el abril de secano, no da ni para unos buches en las acequias.
Desde mi primera actividad en la gestión pública, se derramó sobre mis espaldas la rabia del lamento de los vecinos de mi Churriana, que tuvieron cortes de suministro por averías en la red, por lo que aprendí más de las cosas del reparto, que en todos los libros leídos sobre la distribución de la riqueza.
Ayer creo, tomó posesión del bastón de mando de la Diputación el señor Salado, a quién no le faltó sosedad y soltura, para anunciar que su mandato va estar pasado por agua en inversiones, para que corra el grifo. Juanma Moreno, presidente obligado al quinto año a haber resuelto la escases, nos transmite que la sequía puede costar 140.000 desempleados, triste dogal de de los lunes al sol, porque ya no pueden decir lo de estar con el agua al cuello. En anuncios los gobernantes populares agitan cataratas; pero la realidad, al día de hoy, es que nos dejaron sequito el botijo con palabrería de erial.
Curro Flores
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