LA ESPAÑA EN EL PLATÓ
Los españoles que en buena nota nos hemos ganado el sublime estigma de la singularidad, amén de estereotipos de trazo grueso, es decir, los 37 millones y medio llamados a las urnas, dan para más infinitos debates desde nuestro panzismo de andar por casa, al quijotismo de irse por las nubes, con más puntos suspendidos que admiraciones cuestionables. Infiel a lo escrito, ayer por el arte de birlibirloque de las nuevas tecnologías, después de haber puesto en solfa el debate a siete por su aparente impostura, a lo misa de campaña con exceso de oficiantes. Me senté frente al cacharro y el ratón me apresó en su ratonera. La verdad es que tras la deriva, del carísimo cara a cara, la cosa prometía a menos que la capota de nubes que empalagaban el secano. Pero después de dos horas de escucha a los siete portavoces, tengo la obligación de expresar mi sorpresa favorable. La partida del desafío electoral entre el bloque progresista, capitaneado por el PSOE y el ticket de derecha con cucamonas presunciones de desfile de la Victoria, un excelente moderador de la Primera, Xavier Fortes, me resultó de más altura de cada una de sus miras, que el ofrecido por Sánchez y Feijóo en Antena3: Sin entrar en la caricatura del catalanismo ofrecida por Rufián, en algunas de sus morcillas, el resto, ofreció buenas maneras y oficios, para dibujarnos mi querida España constitucional, con sus pasiones centrífugas y centrípetas, y su columna vertebral con hernias de discos rayados. Por suerte, después vine a leer una entrevista, a nuestro insigne escritor y periodista, Manuel Chaves Nogales, que aparece en el libro de Yolanda Morató, de reciente edición, sobre los años perdidos, quince días antes de su fallecimiento en el exilio en Londres, de la que acoto su respuesta a un periodista brasileño: -Hay que aceptar el separatismo catalán, el separatismo vasco y el “separatismo” innato de todos los españoles. Libro recomendable.
Curro Flores
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