LAGARDE LAGARTO
Los datos económicos que aportan las estadísticas del instante, van tan bien que la derecha ha quedado desposeída de su mantra preferente; el macro desastre resultante para las cuentas de un gobierno de izquierda: descontando a los números del saldo favorable, los esfuerzos agónicos de la pandemia; más los efectos de la invasión de Ucrania, tan duraderos que necesita su larga resistencia un Homero de las Red, para que ponga a su caricato de la tele a la altura de Aquiles. Cosas veredes, hasta en el Mío Cid, si supiéramos la verdad de la trastienda. De todos los gatuperios ofrecidos por los organismos, siempre el que más me alegra es el descenso del número de soleados los lunes, porque con las calores, la cosa salta chispas sin una peona con aire acondicionado; quizá también añada la mejora del PIB, aunque a la aPP, (aplicación de los populares), siempre de servicio para darse un garbeo por la deuda, nos machaca con lo duro que fue para Rajoy su romance con su prima de riesgo. Sin que me deje un ochavo, tanta lectura de papeluchos salmón, sabiendo que la cara del dinero no es la inteligencia, me sonroja ver los retratos de la codicia, porque embalsamados o cremados son congéneres. Resulta que si quiero ver la Liga de quién ponga el anuncio, más tener el móvil achicharrado, facturón o cuenta fijo le ha dado a la Telefónica casi el 50 por ciento de aumento de los beneficios; los banqueros ya no ocultan el montante de sus ganancias, siempre en perdidas el número de oficinas de atención al cliente; las energéticas con la “excepción ibérica”, parece que la luz se nutre con Manchado de Jabugo para engordar su IBEX. Pero en el ventanal de la avaricia, protegiéndonos de la inflación subconsciente y la otra, aparece la lagartona de Lagarde, para subirnos a categoría de benéfica santidad el pecado de la usura.
Curro Flores
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