LAS TORTURADORAS DEL MÓVIL
Desde que llevamos el móvil a cuestas, como la auténtica -unidad de nuestro destino a lo Universal; podemos saber de todo, la envidiada Espasa Calpe sin sus tomacos intocables en las estanterías, ahora de bolsillo para ilustrarnos al segundo, hablar con quién nos lo coja, divertirnos y llevarnos unos cabreos de aúpa; además podemos discutir los precios del abono y las llamadas amenazando de qué los pasaportamos, yéndonos al enemigo. Lo que no he visto en los programas electorales es el adelgazamiento de sus facturas y la gratuidad al ancianaje, por poner un ejemplo, ni tan siquiera Sumar propone la nacionalización de las compañías, desde una óptica de izquierda patriotera, para evitar que el facturamen se vaya a los paraísos fiscales, pero claro, tenemos tantos independentistas con los que pactar. No hay quién no sufra la permanente llamada de una voz de la llamada hispanidad americana, en los horarios más inoportunos, mi apego a la siestorra, nuestro cartel de vagancia en la UE, por penitencia dejaba el sonido abierto, así que cada día me apresuraba a contestar la puñetera llamada de un operador impertinente. Al descubrir que los germanos, líderes o no, en la disciplina laboral, han cundido que la siesta, es fundamental para mantenerse fresco, poner las neuronas a descansar y recuperar el aliento hasta la nocturna. He cogido el cacharrito y lo he puesto en modo avión, para que solo los mosquitos tengan la exclusiva de partirme la modorra. Le doy al palabreo, porque ayer hice cola en la caja, de una de las escasas oficinas bancarias que me han dejado como fiel cliente; la cola era casi como la de la visita del médico, pero con horario a voleo, la señora que estaba siendo atendida por el cajero, tuvo la mala suerte de recibir la llamada, de una sujeta desconocida, inquiriéndole si estaba contenta con los servicios de su compañía de telefonía actual; la buena y educada señora se tomó más de diez minutos, tratando de explicar que no podía atenderla en ese momento, hasta que por fin reventó y con un ¡cáspita! corto la llamada, con un aplauso y ovación de los colistas. No sé quién manda en esto con un Gobierno en funciones, pero alguien tiene que sacar las tarjetas rojas a semejantes abusos de desconfianza.
Curro Flores
No hay comentarios:
Publicar un comentario