domingo, 31 de julio de 2022

CLIENTES O VOTANTES

CLIENTES O VOTANTES

Mi fervor democrático, no nació cuando en el cole por primera vez elegimos un delegado de curso. Por unanimidad entronamos a Chumi que ya apuntaba maneras de abogado y político, en la lista escolar figuraba con el alias de Jesús Peréz-Lanzac Muela, quién me rebautizara como Curro, en las tardes de nuestros juegos de toros, en la misma arena que machacó el inolvidable Jacinto Segura, campeón de España en 1964 de saltos de longitud. Como diestro tuve un peón de confianza, el Carrasco, dominador de todas las suertes, de alias Leandro Martínez, sangraba de morlaco por los pinchos  de los rehiletes de palmera, Loquillo, Antonio Cisneros en el listado de clase.

Fue en mi primera nómina en una Cooperativa, de inaudita  democracia en plena Dictadura de finales de los sesenta del siglo anterior, dónde aceré mis convicciones en la libertad, la democracia y en el socialismo utópico; después con más toma de conciencia, vino mi militancia en el PSOE.

Estos días fustigados por la sentencia de los EREs, algunos de mis doctos amigos, me llamaban a sacar conclusiones, echarnos sacos de cenizo y recomendarnos un propósito de enmienda de lo más peregrino, ponernos a un lado, para dejar paso a la buena nueva del PP, eje de lo español. ¡Chaladuras las precisa! como si nuestro razón hubiera sufrido una lobotomía por nuestro compromiso político.

De todas las manifestaciones de mis allegados, algunas a tener muy en cuenta y otras a dejarlos gastar bits, he llevado bastante mal, dirán que me fastidie, el uso excesivo hecho del término clientelismo y a nuestros presumibles votantes de clientes.

Como para mí la democracia, sus reglas, sus avances, son cuestión de principios y trayectoria durante más de 55 de años de mi vida. Cualquier terminología que la menoscabe me sienta tan mal, como a los concernidos por las correcciones que se han hecho de los usos de palabras que les ofenden, en aras  de lo políticamente correcto.

El cliente que elige marca blanca o de nombre, esgrime tarjeta, importándole un pito los trajines económicos del establecimiento que se las ofrece. Es respetable en sus acciones libérrimas u obligadas por la inflación, pero pierde el atributo esencial del ciudadano votante en las urnas, su anonimato.

He dado discurso, he trabajado en campañas electorales, he participado en muchas decisiones que afectan a muchos ciudadanos que en muchos casos pudiéramos considerar en el argot “de la cuerda”, o no. Ni por mí, ni de mis compañeros he escuchado que nuestras acciones iban dirigidas a clientes: erróneas, acertadas, pretensiosas, interesadas u ociosas, iban dirigidas a un común de electores al mando de su voto secreto.

Con todos los sacos de ceniza que se os antoje, sin ser un mojigato, creo que en beneficio de la democracia, de las que os presumo afectos, debéis  retirar de los juegos florales de la jerga de los cavernícolas el uso con menos precio de clientes, a no ser que creáis que vuestras urnas están en el chino de la esquina.

Curro Flores

 

 

 

 

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