miércoles, 20 de julio de 2022

LA BATUTA BIEN ESGRIMIDA

LA BATUTA BIEN ESGRIMIDA

Ayer me congracié con mi pasado, cuando de concejal  reclamaba a los medios mayor atención a nuestras actividades culturales. La foto en portada, de mi íntimo director de orquesta, Octavio Calleya, me rebotó de alegría.

Mañana, 22 de julio, en la explanada del Santuario de la Victoria, tendrá lugar un concierto, con un programa apasionante, de nuestra Orquesta Filarmónica, dirigida por el que fuera su primer director titular, el maestro Calleya, que celebrará prontito sus 80 cumpleaños.

Nuestro último encuentro en el restaurante QUÉ BUENO, de la atentísima Lacrimoara, ya me abrió la boca con el entrante de tu concierto. Siempre que nos vemos, sabedor de nuestro común apego a los objetos de escritura, me obsequias una sorpresa, esta vez,  un moderno boli amarillo, en el que se podía leer, el mayor consejo sobre la mejor técnica para un director de una formación musical: Brazo unitario y golpe proporcional. Así que me permitió el postureo de aprendizaje, y derramé la copa en un crescendo imaginario.

La lectura de la entrevista interior del periódico Sur, me madruga con los recuerdos comunes. Por el principio: conocí al maestro, en primero de Concejal, cuando  fui a saludarle tras el concierto de la anterior Orquesta, en el Conservatorio Superior de Música, me acompañaba Carlos de Mesa, quién después como director del Cervantes, fuera  eficaz organizador en la gestación e inicios de la Orquesta que cumple ya 32 años. Aquella primitiva formación musical, nos dio pie para situarnos ante la Junta y que pudiera reclamar Pedro Aparicio, que Andalucía tuviera dos orquestas profesionales promovidas por su Gobierno  y los ayuntamientos respectivos, las actuales de Sevilla y Málaga, que nacieron gemelas.

Como para mí era dogma el refrán, el ojo del amo engorda al caballo, le dediqué más horas de mi vida a los primeros años de la Filarmónica que los que me reclamaban las labores de la Feria. Ya no sé, si ahora, con tantas torres enrocadas sin auditorio, es necesario ensimismarse con los instrumentistas. Siempre me pareció tremendamente dificultoso, aunque sea para afinar e interpretar selectas partituras, que los músicos estuvieran en un poco más de un centenar de metros cuadrados ensayando, no saben bien, como se multiplicaban los efectos de los chismes, entre los atriles que tenían un momento de sosiego musical. Así que estar encima del podio, amén de brazo unitario y golpe proporcional,  se necesita más capacidad psicológica humana que la me aseveraba estudiar Juanito, en sus inicios como entrenador de fútbol.

Testigo de excepción fui del mimo que puso Octavio, en elegir a los mejores músicos en las audiciones para la nueva orquesta. Así los resultados, durante sus primeros años de vida, la crítica nacional, después de sus conciertos en los auditorios de Madrid, Barcelona, etc., destacaba a nuestra formación, casi o sin casi, como la mejor Orquesta española.

Ahora a esperas de las 9.30 de mañana, tengo horas por delante, para meditar tu último regalo intelectual: Introducción a La Fenomenología de la Música de Sergiu Celebidache (tu inolvidable mentor), escrito por Abdiel Almodóvar.

Curro Flores

 

 

 

 

 

        

 

 

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