CONSEJEROS PAISANOS
Ayer era el día de desvelar los secretos del cuaderno de Juanma en San Telmo, su Excelentísimo tiraba de chuleta para anunciar sus consejeres. Pendiente del mercado de fichajes futbolísticos y las “palancas” del Barça, los nombramientos andaluces era tema menor con el terrá.
Pero el loro de las ondas no callaba desde la calurosa madrugá, por él supe que la siempre amable Carolina España, le habían largado el suplicio de madre ecónoma. Como yo le guardo afecto y buen recuerdo a su padre el más iluminador de los desconchones del Paraíso; a su tío, cámara eterno de mis primeras ruedas de prensa; más a su esposo, al joven Pedro Luis de mis aterrizajes en la redacción Sur. Con la penitencia de militante de los subcampeones, me alegré por Carolina: quién podrá hacer rebajilla a los impuestos de los suyos en Hacienda, incluido su compadre Julio Iglesias; pero en Economía tal anuncian las páginas salmones, con un 38 por ciento del censo en el umbral de la pobreza, el monedero no da ni para marcarse un bailecito en el Pachá.
Desde los tiempos de Paulino Plata, exconsejero de Turismo, no de autoridad portuaria, torre anclado, no escuchaba más lisonjas de los empresarios del sector que por la designación de Arturo Bernal. Al joven Bernal le conocí en la cancha del pabellón de Ciudad Jardín, cuando nos evaporábamos en el parqué los Siesta Team con mi amigo Diego Montañés, Javier Becerra, Miguelito el hábil…, jadeando en nuestra neblina en busca de la canasta a las cuatro de la tarde. También me alegré por Arturo.
El móvil cultureta tocó arrebato, inmediatamente me llovieron del archivero de la imborrable Nube, una cantidad de mensajes poniéndome en solfa a Bernal, por ellos me enteré que a Turismo el presidente la había agregado las competencias de Cultura y Deporte. Salvados los pinitos deportivos de Arturo, unos dedazos en su página facebook que pude leer y no es de buen gusto repetir, eran de personal intencionada descalificante en la cancha cultural y cualquier otra.
Espero que sus acciones en la dirección de la cultura consejera, con sus magros presupuestos, no lo ensombrezca más con el recuerdo del Nublado. Como me precio de conocer de las singularidades de los artistas en el uso de la suprema libertad, muchas veces con destempladas declaraciones contra cualquiera que ostente los poderes, sin afán de recomendar, visto que hoy estamos perseguidos por el Ojo que todo lo ve y el programa Pegasus que todo lo escucha. El flamante consejero se debe habilitar un bunker oscuro en la sede íntima, para en lenguaje mímico expresar sus arrebatos ideológicos.
Curro Flores
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