EL ESTRANGULADOR DE ANTEQUERA
Antequera que puede presumir de todo, hasta de estar en el centro de Andalucía; por eso, la logística sin calendario, lleva construyendo el futurible Puerto Seco sine die. Desde la Creación, allá en los dólmenes, se sabía con certeza, que allí nace el Sol y se pone en cualquier revuelta tras la trocha del Torcal.
En uno de su eternos albas, nos hizo centellear con alivio una noticia .El día 3 de Julio, la BLPJ, para entendernos, la poli, detuvo a un ciudadano marroquí, censado en la moderna prisión de Archidona, quién de permiso, deambulaba sigilosamente por las calle antequeranas persiguiendo a sus acechadas para estrangularlas: elegidas, por ser las ancianas más retotolluas, engalanadas con sus joyas y bolsos, las de posible rentas del “cultivo de viudas”, su olivarillo.
Como siempre el titular escandaloso, nos lleva al Guinness, porque el presunto agresor, superaba con creces a Albert DeSalvo, el estrangulador de Boston, y por supuesto a los miembros de la secta religiosa Thugs de la India, se cree la primera mafia conocida, que se dedicaban piadosamente a retorcer el cuello de sus víctimas para aumentar el óbolo sagrado.
Setenta estrangulamientos, dan para ser un asesino en serie con más episodios siniestros que Cuéntame cómo pasó; pero la cosa con ser cruel, no es para tanto. El Mohamed, dicho en cristiano racista, atacaba al cuello por la espalda en el portal o entrando al ascensor a las desprevenidas señoras, les producía asfixia, desplomándose con el conocimiento perdido por un tiempo, así la despojaban de los objetos de valor; por el sistema que los maderos llaman el mataleón.
Los leones estrangulados me llevan a mis péplum de programa doble, una de Biblia, Sansón y Dalila, con un joven engominado Víctor Mature, retorciendo el cuello a la fiera, y al Hércules mitológico, Steve Reeves, matando de un abrazo al león de Nemea.
Hoy, San Fermín, las parroquianas pueden pasear tranquilas por su pueblo, ataviadas con toda la prestancia requerida, para visitar una de sus bellas iglesias, a despacharse un rosario por las almas difuntas.
El lector pasmado, mientras las chicharras se abanican a 40 grados a la sombra, me he pedido una porra antequerana, para distinguirla de la archidonesa y mi salmorejo de Aguilar de la Frontera.
Curro Flores
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