lunes, 11 de julio de 2022

EL ESPÍRITU DE LAS VÍCTIMAS DE ETA

EL ESPÍRITU DE LAS VÍCTIMAS DE ETA

Cada vez que por la Parca se me acerca y debo buscar una corbata negra, por el fallecimiento de un allegado, me acuerdo del asesinato del senador Enrique Casas. Presté a un compañero que iba a asistir a los funerales un lazo negro  y nunca más se supo.

Si el triste número es exacto, 853 personas perdieron su vida, entre los más de 3000 atentados de la banda criminal. No es para hacer divisiones de la pertenencia o no de los mártires a nuestras filas políticas, funcionarios del orden o militares, civiles, infantes, etc.

Después de los años de sufrimiento, por fin nuestra democracia pudo derrotar a los terroristas. Me avergonzaría sacar músculos señalando quién era el presidente y su ministro del interior, que tuvieron la oportunidad de estar al frente de las responsabilidades del Gobierno, al producirse el final de ETA. Amén de que pertenece al manual de funciones del adversario político ocultarlo.

La inmensa mayoría de los difuntos, sus deudos y partidarios, los recuerdan en la intimidad, que con todo el dolor ven pasar el calendario anónimo de su ausencia.

Sería más surrealista que nuestra propia realidad patria, que la onomástica de cada óbito, sus correligionarios nos proclamaran actos en su recuerdo, con peroratas reivindicativas y afirmaciones sectarias.

El mal pasado, pasado está, y en el recuerdo estamos más obligados a construir que a separar, porque en nuestras manos, tras esa horrible historia, está saber encontrar la edificación más difícil en política, la paz, sin minúsculas y sin atajos.

Amén de acotar el espíritu de Érmua, como propio, el acto del PP del domingo pasado homenaje a Miguel Ángel Blanco, corregido al día siguiente por la presencia de sus majestades en nombre de todos los españoles. Sirvió a José María Áznar para lanzar su cantinela política contra nuestros gobernantes, ahora le toca poner en solfa la Ley de Memoria Democrática, inmediatamente viene a mi retentiva los descalabros de su currículo, en la lucha contra su denominado movimiento liberación vasco. No es sano seguir con mi memoria militante, pero aunque pedir vigilia a un político es muy difícil, don Josema debiera poner su lengua en cuarentena.

Curro Flores

 

 

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