EL SIESTA TEAM
Erase una vez que durante años en el Pabellón de Ciudad Jardín y otros, dos días a la semana de cuatro a cinco de la tarde, cuando se marcan la siesta los que pueden y quieren, un grupo de longevos treintañeros y cuarentanos, soñaban a carrerilla limpia buscando el aro de ida y vuelta.
La referencia que hice al pasado deportivo del actual consejero de Deportes, don Arturo Bernal, como parcial integrante de nuestro grupo baloncestísticos de los SIESTA TEAM, alcanzó la respuesta de mi amigo Diego Montañés, quién me sugirió tirar de bytes para evocar nuestras memorables hazañas.
Los componentes, la mayoría con la estatura de menguados pívots, más o menos, el Barça de Xavi e Iniesta. Teníamos nuestra masa muscular en recesión técnica constantes y nuestros michelines blandos derrengaban esparcidos por el parquet con les calores.
Los más chiquitos: el doctor Juan Luis, el bancario Miguel, el culto Javier Becerra corrían votando que se las pelaban, en la misma cancha que el “hijo del rayo”, Tyrone Bogues, hizo las delicias de la afición malagueña. Los medianos: Diego, el Menda y los otros, axilerones lentorros, soñábamos con tripearlas a lo Steve Kerr en Paradise City y el larguirucho Juan Carlos Ramírez era nuestro David Robinson.
Puede adivinarse que la mayoría de los tapones iban a parar a la calva de Pepe Morata y la mía, con los consecuentes venablos. Soñar sudando no cuesta un bledo, si la ilusión es voluntaria, pero cantan los alerones. Nuestros periodistas, mi amigo Juan Carlos, director de la Ser, y Alfonso Miranda, el tornado de Canal Sur, debieron alguna vez contar sus, nuestras locuras, para ejemplo los oyentes sedentarios. El día que la llama olímpica pasó por Málaga, la estúpida oposición llevó a Pleno del Ayuntamiento, que yo no debiera ser el primer relevista, por mi incapacidad deportiva, inmediatamente el dire de la Ser, emitió un comunicado declamándome atleta sin par, esos son amigos, pero como el diseño que portaba la fogata costaba un riñón saque mi parte roña y dejé la ocasión para las olimpiadas sevillanas.
Dos médicos en el mismo club, corriendo a tu lado, y no en el banquillo de UNICAJA, en las que tantos años hizo guardia el doctor Montañés, dan para curarnos los flatos. A nuestro lateral, el querido internacional Nacho Rodríguez, en solitario se adiestraba en tirazos peculiares de tres puntos que le hicieran famoso. Nos señalaba el final, la llegada de los bidones para preparar las bebidas isotónicas, para el entrenamiento de los cajistas, a veces, estaba el añorado Imbroda haciendo tiempo mientras llegaban sus pupilos, nos saludaba afectuosamente, pero nunca quiso hacernos una prueba.
Tras la ducha, Diego y yo, corríamos desesperados a la tabernilla de enfrente a zamparnos litros de agua helada, contra nuestra deshidratación. Los deportistas andaluces cuando recojan los premios del amigo Arturo, verán que el voluminoso de la foto era un ex Siesta Team, necesitado como la mayoría de nosotros de una sauna a cuestas, ya que ahora, con suerte, solo encestamos en el Súper.
Curro Flores
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