Carmena, Carmona, carmín
El recuento de votos de
la noche municipal como siempre me enseña los colmillos de la ley D´Hont, que
suele tener días, según colores. La aritmética de una persona un voto adaptada
a las fórmulas de la gobernabilidad, te pueden chafar tus convicciones, si no
fuera por la rapidez con que operan las noticias de los resultados electorales
transformadas en escaños y números de concejales, que evitan que te comas la
sesera como el finado Nash y te pongas a buscar el paradigma de la proporcionalidad
electoral. Ya me pasó cuándo en aquellos tiempos, releía un libro naranja que
nos abasteció la primera Transición, dónde se explicaba la esencia de las ecuaciones
de la citada Ley, y qué por necesidad del guión democrático me lo tomé como un catecismo.
Es difícil apagar los
revuelos partidarios y sus exquisitas singularidades ideológicas, pero la razón
práctica impondría evitar la fragmentación de los afines, difícil quimera, que por extraño sortilegio debiera
convertirse, en determinados casos, en una práctica más pre que pos electoral,
y casi todos los votantes quedarían más
contentos.
Digo esto porque si no
fuera por las cámaras indiscreta la hostia que le han pegado los valencianos a
Rita Barberá, se hubiera quedado en una
desafiante declaración de la edila ostentando
ser la primera fuerza de la ciudad de
Valencia; o el tono de la portavoz del
PP andaluz, qué pérdidas las mayorías
absolutas de las mayorías de las ciudades y pueblos dónde gobernaban por veinte
años o más, presume de resultados y demanda a los demás partidos que no agrupen
el voto de sus concejales para desalojarlos de los sillones de las alcaldías,
cómo si eso no pudiera estar en el guión de los contendientes. Sería
infructuoso buscar si alguna vez el PP hubiera respetado el fair play que demanda, su pasado está
lleno de pactos anti naturales para obtener alcaldías y comunidades autónomas.
La verdad es que la
noche electoral nos ha dado un sin número de declaraciones de manualillo de
comunicación, de las más inapropiadas, pensar que el ciudadano es estúpido, es
un supuesto del peor marketing político. Pero a Floriano siempre le debemos dar
la enhorabuena, aunque sea por estar dónde está con tanto mérito.
El recuento municipal
amén del soliloquio sobre la ley electoral, las prácticas de los nefandos discursos
políticos que nos acostumbran, en especial los de los perdedores siempre
triunfadores, y los resultados de las nuevas formaciones políticas en su
proclamas anti bipartidistas. Han puesto el dedo en la llaga en la necesidad de
que las formaciones políticas afinen los criterios a la hora de elegir los
candidatos, y más que proponernos a los ciudadanos personas de sus
piscifactorías políticas, con primarias o sin primarias, nos presenten personas
de solvencia contrastadas en las aguas bravas de la sociedad.
Carmena, Carmona,
carminearán Madrid, declinado en latín
carmín, Gabilondo a un escaño de carminear la Comunidad de Madrid. Ejemplos
ilustrativos, solvencia y decencia.
Curro Flores
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