La campaña del todo
vale, hasta los niños
Ayer le tocó a Pedro
Sánchez, la semana pasada a Pablo Manuel Iglesias Turrión, y así hasta el poker
de candidatos, rodeados de varios niños, darán el gusto a tele5, a sus asesores electorales, que tienen
la oportunidad de mostrar el lado más humano de los candidatos, a Ana Rosa que
almibara la madrastra mostrando su lado más maternal.
Hoy es el día del
periodista en el santoral de la ONU, el día del niño el uno de junio, a los
primeros los protege la columna, a los pequeños aunque haya muchos saves the children, ni los propios padres, encantados de haberse conocido,
los salva de mostrárnoslos en prime time,
deformando su realidad más próxima, con cuestionario memorizado de
sabiondillos, para inquirir, tocar y besar al santo de turno.
Todavía recuerdo aquel
compañero del colegio, que apareció en el programa en blanco y negro, Reina por un día, vestido de legionario
el tiempo justo para gritar -¡A mí la Legión! El buen chaval fue víctima en el patio del colegio de la mofa de todos
los alumnos, cada vez que pasaba por un grupo de infantes, recibía a modo de
saludo un -a mí la legión reiterado, que le hacían saltar las lágrimas al más
aguerrido novio de la muerte.
Las gracias, el talento
de los niños, han sido tratados con sorprendente zafiedad y codicia en el devenir de nuestra historia,
desde Mozart a Michael Jackson, y tantos, han sufrido la explotación de su
genialidad infantil, y como consecuencia la deriva horrorosa de su vida de
adulto. Hasta viene al caso la metáfora evangélica de aquel Jesusito que
sorprendió a los sabios del templo por su inteligencia, los mismos que lo
entregaron al Gólgota a los 33 años.
No es creerse dioses un
modo extraño de enajenación, nadie inventa y cree sin un disparatado sueño
humano, que supere nuestra realidad. Los medios de comunicación nos han dado la
oportunidad de construir la creencia en las ondas, por más perversas que se nos
presenten en la pantalla, y nuestros dioses del Olimpo mediático, son tan
monstruosos como el Dios de Israel, que no dejaba títere con cabeza.
Como mañana empieza la campaña, el PP ha lanzado
la consigna, que nos vamos a cargar los colegios concertados, cómo si esa fuera
la cuestión, cuando la cuestión es el desconcierto en el que nos ha dejado la
Educación, gracias al presidente en funciones Rajoy, secundado por el inefable
Wert, que como Atila por dónde pasaba sesgaba el conocimiento.
La consigna es la
alfalfa del correligionario, e inmediatamente Bendodo, regurgita el mensaje de
su presidente, y trata de asustar a los parroquianos sobre los nubarrones que
acechan a la enseñanza de los creyentes concertados. Bonita manera de taparse
de las barbaries de los populares con nuestros escolares.
¿Quién salva a los
niños?
Curro Flores
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