jueves, 20 de agosto de 2020

LA BARCA SIN PESCADOR


La barca sin pescador
Es el título de un drama de Alejandro Casona, su metáfora del hombre que vende su alma al diablo me sirve para ver a Rajoy recostado en una hamaca,  desahumando un puro, mientras espera y observa con su catalejo que la barca sometida a la desdicha desborde a su pescador inerme, y así conseguir  el timón del poder.
Esa al menos era la estrategia de desalojo de ZP. Nunca he escuchado más insidias, chistes  a socaire de la crisis para poner en evidencia a un presidente de gobierno; la verdad  es que a la tragedia de perder  las elecciones para los populares, le han servido el plato frío del desquite, con el descalabro económico mundial, y sus consecuencias para nosotros.
La conciencia normal sabe que ni el peor agorero económico hubiera podido prever tal descalabro, y doy fe de que a mi que no me cuesta entender lo de dos más dos son cuatro, cuando veía los excesos y algunas paranoias y las comentaba, una tromba inquisidora de palabras, gestos y miradas me silenciaban: todo aquel engranaje de la nueva economía y la cábala globalizadora no estaba hecho para la boca del asno, así que en esa maraña del cuerno de la abundancia, nadie preveía, salvo anécdotas, un final del crecer y tener, ni  los de a, ni los de b.
Unas veces pienso que la estela romántica de los Acuerdos de la Moncloa, donde tirios y troyanos nos sentimos por primera vez aliviados por un pacto conjunto para arreglar la economía nacional, Carrillo y Fraga en los extremos,  nos  dejaron un modo de comportamiento ejemplar en nuestra conciencia colectiva. Y aunque la situación actual no  es ni parecida en sus elementos económicos, sociales y geoestratégicos, se plantea la necesidad de un PACTO NACIONAL ANTICRISIS, y esa llamada le rompe la alianza con el diablo, por el momento, al líder de la oposición.
Desde aquellos pactos y con nuestra entrada a la UE, desde hace treinta años hablamos desde una España desconocida; crecimiento, modernización, aumento de servicios, presencia estratégica, europeización etc. sin abandonar algunos de nuestros banderines atávicos sorprendentes. Como eso de hacer un bien cultural de la fiesta de los toros. Un poquito de juicio, poca fiesta tiene el toro, y encima el número de los que asisten aumenta más por el ¡huy! que por el ¡olé! más reservado a la selección de fútbol.
La crisis actual y la ampliación de la UE a 27 miembros, nos  separan de aquellos excepcionales fondos europeos, colchón imposible en la nueva situación; tenemos que dar lo mejor de sí, se nos exige soslayar las cuitas partidarias, las de los agentes económicos y sociales, los maximalismos intransigentes. Los disc-jockeys de cada cual  -de disco rayado y estridente- los debemos poner en cuarentena, las cantinelas fáciles de los voceros y logreros que nos inundan hay que cambiarlas, toca el tiempo a los primeros atriles y  a los solistas serios, de las grandes afinaciones.
Es el tiempo que se marca por el evidente sacrificio colectivo, quizás por ahora no quepan ni los pequeños contentos, si hay foto ¡qué la haya! Pero la foto debe dar confianza y crédito renacido, con unos sustanciosos acuerdos para  superar la crisis, y que nos sirvan para ver más en el largo plazo que transforme nuestra economía en los parámetros de progreso, competitividad y sostenibilidad, adecuación a Europa y al mundo, y no para ver con sorna desde el catalejo ahumado del que quiere que la barca se quede sin pescador.





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