domingo, 23 de agosto de 2020

CON EL PP ES IMPOSIBLE


Con el PP es imposible, Podemos no es factible
Los más livianos se levantaron la mañana del 21 de diciembre con las cuentas debajo del brazo, y vieron a Rajoy o a cualquiera de ellos, para el caso da lo mismo, sentado en La Moncloa, con el apoyo, pactado de aquella manera con el PSOE y Ciudadanos, también para el caso les viene al pairo; todo eso por el bien de España que es lo que cuenta, tranquilizando a los mercados,  y de camino a su modus vivendi y a los demás que los parta un rayo.
Otros, que habían sumado los votos a las izquierdas y a las derechas, apurado los escaños, veían a Pedro Sánchez de presidente, con un Pablo M. Iglesias en comitiva estableciendo las guías del verdadero quehacer de la izquierda de catón moderno.
A los livianos el PSOE les ha dado con un canto en los dientes, al negarse a apoyar por acción u omisión a Rajoy o al PP, que para el caso más de lo mismo, así los votantes de la marca blanca, como  sus seguidores  de toda la vida, han visto descarrilar su argucia de dos en una, contar con los votos socialistas y de camino dejarlo para el arrastre ante sus electores.
Sería prolijo e imposible en un artículo desmenuzar las diferencias insalvables entre los socialistas y los populares, pero quédense  con los argumentos que esgrimió Sánchez en el debate con Rajoy, vean después la película B de Bárcenas, y no necesitarán más explicaciones, si aún alimentan algunas dudas.
Si se quiere mirar a la izquierda, por decir algo, ya que el mismísimo líder de Podemos niega la mayor,  la tradicional división izquierda derecha por démodé. El panorama no puede ser más obtuso, ya que la formación de Iglesias tiene un compromiso irrenunciable con sus agregados nacionalistas, que interponen sus banderas a las ventajas que pudieran conseguir las clases populares y medias de un pacto de izquierdas dónde no esté en cuestión la naturaleza constitucional de España.
Así las cosas, o Fuenteovejuna o elecciones, pero todos a una, significa querer allanar todas las barreras, digo todos, porque nadie puede salvarse de la responsabilidad para con los ciudadanos para jugar a tirador justiciero desde el plató de La Sexta.
Pero pensando en todas las dificultades por las que pasa España, con el carnet de socialista de principios de los setenta, comparto desazón con muchísimos de mis compañeros leales a la causa  trenzados en mis trincheras y de los fieles electores. Hemos visto correr todos los vientos contra el PSOE y su candidato en la pasada campaña, la hostilidad ha sido extrema, porque en la cacería parecíamos el único enemigo a abatir.
Los resultados son mejorables, pero pudieran haber sido desastrosos, sin la firmeza demostrada por Pedro Sánchez. Me resulta absurdo cuestionar por algunas de las llamadas baronías, la estrategia trazada por la Ejecutiva, que difiere solo en ribetes bizantinos sobre la política de pactos o la necesidad de acelerar nuestro Congreso en los momentos políticos que vivimos.
Los que hemos consumido lo mejor de nuestra vida en el partido socialistas, sabemos que  en nuestra formación nos movemos siempre en aguas turbulentas, pero parece que en la nueva alimentación para los de la piscifactoría se incluye el menú del Caballo de Troya, que lo sirven frío. No quiero echar en falta aquellos tiempos que en aras de la lealtad a la causa, nuestras disidencias pequeñas o grandes se resolvían en casa.
Curro Flores



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