Ha llegado el águila
No se trata de reconstruir
el atentado fallido a Churchill como lo visionamos en la película, sino de ahuyentar a tordos, estorninos, gorriones:
“atilas” del césped del estadio de La Rosaleda. La contrata de los servicios de un cetrero con su águila “harris”
para espantar pajarillos, que se comen las semillas sembradas, se corresponde
perfectamente con los nuevos aires árabes
del califato futbolístico malagueño, cómo posiblemente lo hubiera nominado mi añorado amigo Matías Prats.
Cuentan los graciosos
que los viejos espantapájaros instalados en la hierba vestidos de árbitros, no tuvieron
utilidad; ni tan siquiera cuando exhibían las tarjetas rojas evitaban los
cantos de mofa de los pajarillos. Tampoco las tarjetas rojas que solidaria y
enérgicamente exhibe mi barítono Carlos Álvarez junto a otros malagueños de
pro, puede que acaben con los actos de violencia de género, eso sí, sembramos
para las conciencias del futuro vapuleados
por las lacras del presente.
No deja de pasmarme, la solemne repetición de un hecho que se
produce en mi ciudad natal de Picasso. Desde que iniciamos la andadura
democrática, con la tarea de sacar de la mordaza local el nombre del pintor
malagueño, impuesta por los cuatro paniaguados que movían los hilos oficiales
del franquismo local y sus correspondientes culturales, silencio imposible.
Debido a nuestra genética fenicia:
chiringuitos; comerciantes y algunas mercanchiflerías ufanas, eligen el nombre y
la evocación de Picasso como atractivo.
Beatería cultural, comercial,
turística y política han tomado, como siempre por exceso la reacción provocada
por la losa del silencio dictatorial, menos mal que a nuestro gran paisano de
culto universal no le hemos creado una nueva cofradía de culto, afición muy
nuestra. Siguiendo el guión, la primera gran ocurrencia del nuevo propietario
del Club de fútbol era cambiar el nombre
de la Rosaleda por el de Picasso; el
jeque no vio rosales, pero tampoco verá las palomas picassianas en el rectángulo de juego si se empeña en el
deporte de la altanería. Las palomas toman vuelo de mensajeras cuando avistan
aves de presa.
Mientras escribo de águilas
y pajarillos, el halcón francés mosquete en mano, desinfla Europa. El informe
de los sabios, el tsunami económico, la triste realidad nos muestran una
Comunidad herniada; el conflicto de los gitanos nos la pone “etniada” en
la conciencia. Nacimos europeos, no sólo
físicamente, sino por necesidad económica y política. Desde las dictaduras del
Sur y las soviéticas teníamos como sueño y aspiración Europa, -¡que melodía francesa “libertad, igualdad y
fraternidad”!
La Comisaria de Justicia, Viviane Reding ha tenido que
rectificar. El Vaticano incluso se autocorrigió,
a su manera, ante la cólera gala: -¿recuerdan?, y eso que la Santa Sede, cede
poco a la hora de cambiar sus manifestaciones.
Nuestra Europa, la
vemos a remolque en un periodo solo apto para grandes políticas y políticos,
con muchos estados y poco Estado; los expertos creen que el mosaico que
construyen admite sólo cabildeos complejos y lentos. Todo eso, en el tiempo en que
nuestro talento, capacidad y fortuna deben acostumbrarse a ser nómadas y ágiles. Nuestras fronteras interiores no tienen
asiento ni soluciones para la pobreza
errante: todavía ser gitano está en el punto de mira, aunque rectifiquemos.
Las nuevas formas de
hacer política, encuesta en ristre, no exigen de los políticos la preocupación
por su primera función la de convencernos, lo importante es parecer convencidos y resultar
convincentes; todo es de cara a los Medios, menos los profundos remedios. ¿A
cuántos cetreros tendrá que contratar la UE para que se levanten todos sus
campamentos de miserias?
Francisco Flores
17 de septiembre de
2010
No hay comentarios:
Publicar un comentario