jueves, 20 de agosto de 2020

HA LLEGADO EL AGUILA


Ha llegado el águila
No se trata de reconstruir el atentado fallido a Churchill como lo visionamos en la película, sino  de ahuyentar a tordos, estorninos, gorriones: “atilas” del césped del estadio de La Rosaleda. La contrata de  los servicios de un cetrero con su águila “harris” para espantar pajarillos, que se comen las semillas sembradas, se corresponde perfectamente con los nuevos aires  árabes del califato futbolístico malagueño, cómo posiblemente lo hubiera  nominado mi añorado amigo Matías Prats.
Cuentan los graciosos que los viejos espantapájaros instalados en la hierba vestidos de árbitros, no tuvieron utilidad; ni tan siquiera cuando exhibían las tarjetas rojas evitaban los cantos de mofa de los pajarillos. Tampoco las tarjetas rojas que solidaria y enérgicamente exhibe mi barítono Carlos Álvarez junto a otros malagueños de pro, puede que acaben con los actos de violencia de género, eso sí, sembramos para las conciencias del futuro  vapuleados por las lacras del presente.
No deja de pasmarme,  la solemne repetición de un hecho que se produce en mi ciudad natal de Picasso. Desde que iniciamos la andadura democrática, con la tarea de sacar de la mordaza local el nombre del pintor malagueño, impuesta por los cuatro paniaguados que movían los hilos oficiales del franquismo local y sus correspondientes culturales, silencio imposible. Debido a  nuestra genética fenicia: chiringuitos; comerciantes y algunas mercanchiflerías ufanas, eligen el nombre y la evocación de Picasso como atractivo.
Beatería cultural, comercial, turística y política han tomado, como siempre por exceso la reacción provocada por la losa del silencio dictatorial, menos mal que a nuestro gran paisano de culto universal no le hemos creado una nueva cofradía de culto, afición muy nuestra. Siguiendo el guión, la primera gran ocurrencia del nuevo propietario del Club  de fútbol era cambiar el nombre de la Rosaleda por  el de Picasso; el jeque no vio rosales, pero tampoco verá las palomas picassianas en el  rectángulo de juego si se empeña en el deporte de la altanería. Las palomas toman vuelo de mensajeras cuando avistan aves de presa.
Mientras escribo de águilas y pajarillos, el halcón francés mosquete en mano, desinfla Europa. El informe de los sabios, el tsunami económico, la triste realidad nos muestran una Comunidad herniada; el conflicto de los gitanos nos la pone “etniada” en la  conciencia. Nacimos europeos, no sólo físicamente, sino por necesidad económica y política. Desde las dictaduras del Sur y las soviéticas teníamos como sueño y aspiración Europa,  -¡que melodía francesa “libertad, igualdad y fraternidad”!
La Comisaria  de Justicia, Viviane Reding ha tenido que rectificar.  El Vaticano incluso se autocorrigió, a su manera, ante la cólera gala: -¿recuerdan?, y eso que la Santa Sede, cede poco a la hora de cambiar sus manifestaciones.
Nuestra Europa, la vemos a remolque en un periodo solo apto para grandes políticas y políticos, con muchos estados y poco Estado; los expertos creen que el mosaico que construyen admite sólo cabildeos complejos y lentos. Todo eso, en el tiempo en que nuestro talento, capacidad y fortuna deben  acostumbrarse a ser nómadas y ágiles.  Nuestras fronteras interiores no tienen asiento ni soluciones  para la pobreza errante: todavía ser gitano está en el punto de mira, aunque rectifiquemos.
Las nuevas formas de hacer política, encuesta en ristre, no exigen de los políticos la preocupación por su primera función la de convencernos,  lo importante es parecer convencidos y resultar convincentes; todo es de cara a los Medios, menos los profundos remedios. ¿A cuántos cetreros tendrá que contratar la UE para que se levanten todos sus campamentos de miserias?
Francisco Flores
17 de septiembre de 2010




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