Messi, y a leer
Lo normal es
encontrarse los fardos de periódicos alineados aquioscados por la mañana, y
con suerte a la noche bajaran un poco su volumen, pero el burofax de Messi ha
resucitado la venta de las gacetas
deportivas, así que a primera hora de la mañana de ayer, no pude
encontrar un periódico local que se acompaña con un noticiario futbolero,
milagro, La Pulga resucita la lectura.
Es llamativo que una
estrella futbolística demande más atención que las hazañas del Covid 19, y la
sinrazón política que convoca, más la ruinera que estamos pasando y venidera.
Yo tengo una gran afición a llenarme las manos con tinta de periódicos, desde
mis inicios en la política los leía todos, y aunque en la red tenga noticias a
pedir de boca, mantengo una extraña fidelidad al papel impreso, a tal punto,
que una vez que llevaba unos cuántos bajo el sobaco, mi añorado amigo y
excepcional periodista deportivo Paco Rengel, me pidió hacerme una fotografía,
por lo raro y old fashion que
resultaba en aquellos días una persona cargando información bajo el brazo.
Antes tenía menos
curiosidad por los anuncios de los rotativos, pero ahora prefiero casi
contarlos y hacer análisis de sus contenidos, antes que meterme en las páginas
económicas, porque son el mejor indicador de cómo va el patio, y por dónde nos
va a venir el hambre canina.
Recuerdo mi
entusiasmada lectura de El Último Suspiro de Buñuel, y en el último capítulo,
El Canto del Cisne, hablando de la muerte, confiesa que aunque era contrario a
la información, le gustaría levantarse de su tumba cada diez años, dirigirse a
un quiosco y hacerse con unos diarios, para leer las catástrofes y
contrariedades del mundo viviente, mientras reposa de la quietud de la
eternidad en su sepultura. Imagino si ayer hubiera sido el año diez, don Luis
hubiese tendido multitud de problemas para encontrar el pelotazo en la boca al
presidente del Barcelona.
Es muy vintage,
recomendar la lectura de la prensa
escrita a los jóvenes, con tables y móviles por doquier, así que mis sueños
surrealistas no me puede quedar otra cosa en el futuro, que ponerme en la cola
para enchufarme en la red en el abismo, con el permiso del Belcebú de los
incrédulos.
Curro Flores
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