Dimisiones
incontroladas
El Palacio de Villalón
(antigua cristalería Álvarez), restaurado con fines museísticos abrió sus
puertas hace dieciocho días para acoger una exposición de larga duración de
obras propiedad de la baronesa Thyssen (antigua Tita Cervera).
La restauración del
Palacio, a pesar de las premuras electorales, costos imprevistos, es para
sentirse contento. Rescata del siniestro estancamiento un edificio y aledaños
que porfiaban con la ruina tras su pasado agitado.
Confiarle sus paredes a
la colección particular de la baronesa, centrada fundamentalmente en los
pintores españoles del diecinueve, sin entrar en pormenores, tiene el sabor de
esas faenas aseaditas, no para tirar
las campanas al vuelo, pero tampoco para soliviantar a los parroquianos con andanadas
impropias.
Pero mientras la cola
de alumnos nerviosos se enfilaba para su interior; y unas señoras no paraban de
lanzar aspavientos ante toreros y manolas,
recomendándosele silencio. En las cocinas del Palacio los sartenazos y gritos
se sucedían, por la presencia de un imprevisto mayordomo,
que controlaba precios, tallas, gustos y
especias, al deseo de la baronesa y el alcalde la ciudad.
También se les
recomendó silencio, al menos mientras dura el trámite electoral, pero Tomás
Llorens que no pertenece a la imaginaria menor del oficio, se ha despedido con
las indiscretas formas de su buen crédito. No ha querido poner en riesgo su
prestigio de custodio del arte, prestándose a juegos de albedríos ignaros en la
materia y caprichosos, como al parecer se aventuran con el nombramiento del
nuevo gerente.
María López, directora
del presunto Museo, también tomó las de Villadiego, porque se le ha menoscabado
su trato contractual.
Como se dice, dos
dimisiones no son nada, más da el fútbol. El alcalde en un alarde de esos que
solo entienden los iniciados, ha declarado que con las dimisiones sale
fortalecida la Institución; a la par que se ve obligado a declarar que el
documento de cesión de las obras que garantiza el nacimiento y pervivencia del Museo Carmen Thyssen está todavía en
barbecho.
Porque los cuadros
están colgados, porque los dimitidos son reconocidos, porque el gerente
nombrado capitaneaba el fiasco del 2016, porque el bar de enfrente tiene las
mesas de la calle repletas, porque hay mas mendigos en la puerta de la Iglesia
del Santo Cristo, porque el Palacio de Villalón ha recobrado su esplendor,
porque se ha visto a la baronesa en la
tele en faenas de colgar cuadros, porque la Junta todavía no le ha podido
otorgar la cualidad de Museo, porque no han guardado prudente silencio electoral
los dimitidos, tenemos museo.
Queda pendiente
levantar las sombras de las dudas sobre sus objetivos de excelencia. Ser
señalados como entidad seria y rigurosa ¡y la FIRMA!, sin la firma de la cesión
de las obras, su comportamiento hasta el presente, señor alcalde es, al menos, indebidamente
temerario, aunque mejor es no ponernos lo peor, con los tiempos que corren.
Curro Flores
12 de abril de 2011
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