La cazatalentos/a
Maquiavelo en su vida
retirada de la vida pública nos obsequió al mundo con su pensamiento, raíz de
conocimientos, motor de controversias, espejo del realismo político y fuente
ideológica del absolutismo moderno. Para eso, relegado de los favores
cortesanos, comprendió que ya no conocía el precio de la lana, la seda y el
cordero, y que su maestría consistía en el arte de nombrar y cesar personas
para las tareas de gobierno.
Doña Esperanza Aguirre,
el azote de Dior, pasó desde su retirada, cinco meses por los controvertidos
pagos de la función pública turística, y es comprensible que por más
mantequilla de Soria que le aliviara su tarea, como Maquiavelo, había perdido
el norte del oficio de guiar a los turistas más allá de las acampadas en la
Puerta del Sol.
Por eso los dueños
talentosos de la empresa de cazatalentos, le han confiado el oficio del acecho
y captura de cerebros. Aguirre, no sé si
leyó al florentino, dónde se declaraba desposeído de las dotes para la vida del
común de los mortales. Pero ella con esa displicencia de las encantadas de
haberse conocido, se ha fajado con su curriculum, y ha pavoneado de que 90 de
sus nombrados en la Comunidad de Madrid, ha tirado el gobierno de Rajoy, para
que lleven las altas tareas del Estado ¡qué dolor!
La verdad que es que la
“cerebría” es algo más que el juego del organigrama de amiguismos de costumbre,
pero sus jefes sabrán porque han lanzado las campanas al vuelo con su fichaje,
como el Bayer con Guardiola ¡qué olor!
La verdad es que el la
señora nos dejó sentado a su delfín, Ignacio González, que entre el
“gestapillo”, el ático de Guadalmina, su euro por receta, más tropemil
lindezas, entra con gran fuerza en la lista de los cesables del PP. Pensar que
dimita es no estar al loro, y de El Príncipe se aprende bastante realismo
político. Y lo de cesar, le corresponde al pueblo de Madrid que debe dirimir
entre Gómez y González ¡qué ojo!
En su agenda Esperanza debe llevar a Bárcenas, maestro en
autofinanciación y ocultismo, salvo que cante. Los ediles dimitidos por el
Madrid-Arena. Carromero, la víctima del castrismo. Los Gürteles al completo que
se apiñaban en su entorno. Los consejeros de Caja Madríd. Los tránsfugas del
PSOE que le dieron el sillón. Los agentes de sus servicios de seguridad que siguieron
a sus enemigos políticos. El elenco del que dispone es variado y envidiable, y
siempre podrá contar con empresarios discípulos de Díaz Ferrán, para cobrar por
sus servicios ¡qué desfachatez!
Curro Flores
17 de enero del 2013
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