Dimite que te ceso
A Phil Hogan, comisario
de comercio de la UE, por cenar a lo grande con otros 80 comensales, no guardar
la cuarentena, don Dublín le ha mandado un recado y el hombre ha renunciado a
su puesto, sueldazo. A Mr. Hogan, lo han
ahogado con la brevedad necesaria.
Mucho se ha hablado de
la incapacidad para dimitir que tenemos los hispanos, y la desvergüenza torera
manda, por más que grite el gentío. Qué sería de Casado si ejerciera en Suecia,
lo habrían desocupado con su máster en volandas; no sé si Iglesias vicepresidente
en Alemania dónde le hubiera llevado la tarjeta de Dina. Juan Carlos, menos de
emérito, dimitió, caso raro en Gran Bretaña. La verdad es que podíamos dar
tantos ejemplos, que para más rareza quedaría señalar los dos ministros de
Sánchez que salieron al vuelo.
No sé si la educación
católica ha hecho mella en la manera de evaluar nuestros compromisos cívicos,
la división de las faltas o pecados en veniales y mortales, ha situado los
asuntos públicos en el dudoso juego entre lo ético y lo moral. Todo es más
ligero de la cuenta, salvo que te pongan el dogal de la Justicia, mientras
tantos parece que tenemos los baúles llenos de indulgencias plenarias. La
laxitud pública va buscando en superar a nuestra jaculatoria “vuelva usted
mañana”. Eso sí, en el arte de mandarte cesar, a doña Cayetana le han cortado
el cuello con premura imposible, ahí funcionamos.
Durante años, disfruté
de jornadas con nocturnidad de la conversación de Manuel Alcántara, quién
contaba un suceso que la acaeció entre los poderes del franquismo: Pedro Rodriguez,
Jaime Campmany y Manolo, eran los articulistas más celebrados de la época, y
hete aquí que llego Fraga al ministerio de Turismo, y un joven director general
de su gabinete, les citó para hacer algún cambio en su estado como funcionarios
de la Radio Nacional de España. Los insignes nombraron portavoz de su trío
sindical al malagueño, así que oyeron al jovencito director, que pretendía
sacarlos de la nómina de la radio, a cambio de mejorar sensiblemente sus pagos
por los artículos, pero ante la pregunta sobre su parecer, Alcántara le espetó:
-“Queda usted despedido”. Después Manuel nos añadía entre risas, que al
director general le iba a mandar Franco el motorista, que era la fórmula
expeditiva que se utilizaba en la dictadura.
Curro Flores
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