En el estado de sitio
Debieran ser fantasmas
los que se han aliados antes de las elecciones, que difícilmente pueda departir
otras cosas que en las tarabitas impuestas por el caos de entre ellos, y en pos
de nuestras ingenuidades o no.
La Europa lenta, se va
sintiendo invadida por los sirios, que huyendo nos confunden al buscar asilo
entre las mies impávida. Protegemos la jaula de oro de nuestras ansias
prisionero, mientras Ícaro se balancea por los brazos de un Eolo enloquecido,
entre tanta penumbra se vislumbran el Caballo de Troya en el cabalgar de los
refugiados. Aquellos líderes de Maastricht y Schengen, se sustituyeron por burócratas
de miedos y encuestas, con el tensiómetro clavado por la Bolsa.
Catalanicus e
Hispanicus, se anclan en el desafío, porque nadie previó fronteras más allá de
las fronteras patrioteras, y el ansia que nació quizás en el Neolítico de poner
cercas afana a los humanos cavando más trincheras. A veces en la partida
clavamos enemistades y confusiones, cuando el verdadero fantasma ha penetrado
nuestro ego de identidades vacías a ritmo de un himno de rumrum y viejas
cantinelas. Siempre imaginé que el payés obtuso, sacaría todo su desenfreno
cuando los garfios del terror de ETA, desalojaran los platós, y ahora como era
de prever me ha cortado Cataluña en dos.
Se escatima el gasto,
pero no se sabe cuánto se mal gasta, cuando la noticia la producen las mujeres
que ya han dejado de ver las noticias. Si me falla Europa y España se confunde,
me falta más Estado y sobretodo inteligencia acorde que no repare en medios
ante la violencia de género. Los lobos enloquecidos han impuesto el toque de
queda de los minutos de silencio, y da la sensación que tras las
multitudinarias manifestaciones y las paradas silentes, todo es esperar a que
crezcan las víctimas tras las puertas cerradas.
El smog ha dejado casi
a ciegas al oso y casi se guía solo por
el olfato para coger los madroños, Madrid está a oscuras en un noviembre en
exceso soleado, y más que repartir sabias cegueras borgianas, trata de repartir
confusiones a poco más que a la vuelta
de las esquina, dónde los lazarillos nos conducen a las urnas como si ya no
tuviéramos marcada la papeletas.
Entre tantos fantasmas
nacionales, El País, periódico, despide a Miguel Ángel Aguilar, ser
luminiscente, más que solidaridades hay que expresarle devociones. Siento que
el que fuera mi medio de comunicación
preferido, solo le quede el crucigrama, y los correajes de la Moncloa y la
banca.
Curro Flores
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