¡Un, dos, rastreador, firmes!
Al convocarse el estado
de guerra de andar por casa, los uniformes adquirieron una categoría
desconocida desde 1975 en España, salvo el de Juan Carlos I el 23F que vino a
redimirlos. La pandemia nos puso a los confinados a descubrir unas ruedas de
prensa en los televisores, dignas de un aria coral de Carmen, todo españolito
saben de lo dicho, pero lo que más curioso me resultaba, era el párrafo final
de cada jefe uniformado, que se refería daba las tristes condolencias por los
compañeros fallecidos en actos de servicios contra el coronavirus. Es como si
por cada gremio o grupo social de afectados se hubiera pronunciado un réquiem.
Por hastío, error y alguna contestación, Illa y Simón recuperaron su dueto en
solitario, o el presidente sus largas salmodias a periodistas en red, ya sin los
caquis.
Nunca vestí uniforme,
no por objeción de conciencia, que gracias al sacrificio de mi amigo el
pacifista Miguel Ramos, pagado con la cárcel, consiguió que miles de jóvenes se
acogieran a servicios comunitarios, y no tuvieran que hacer imaginaria en los
cuarteles. Pero al haber sido el alcalde más accidentado de Málaga por las
históricas inundaciones de 1989, descubrí el extraordinario servicio que
prestaron a nuestra ciudad los militares enviados en nuestro auxilio. Nunca comprenderé
como hacían las fuerzas especiales para volver tan rápido de las tareas
peligrosísimas que se le asignaban.
Al conocer la dimensión
de la catástrofe solicite de la autoridad gubernativa la intervención del
ejército, pero no estaba de moda ideológica, y varias veces se negó la directora
general Pilar Bravo, que llegó al PSOE de la mano de Santiago Carrillo, en un
transfer del eurocomunismo al socialismo, al final no tuvo más remedio que
aceptar, y se enfangaron las guerreras. Ahora la moda es otra, y en un día de confinamiento, vi en las calles
próximas aparcados tantos jeeps de legionarios, que me faltaron Silvester
Stallone y Antonio Banderas, para situarme en un escenario de la película Los
Mercenarios.
2000 rastreadores a
dispuesto la ministra Robles, para que las autonomías tengan menos excusas y
más PCR, después faltarán reactivos, y reactivados, viene la duda de cuánto de
positiva es la cosa, porque del margen de duda saldremos con las autopsias.
No sé como en estos
tiempos de ponga un soldado en su vida, alguien con mando en plaza, no haya
inventado un máster rapidito, para poner a las tropas de profesores de apoyo en
la apertura del curso escolar.
Curro Flores
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