Esperanza , Abdullah
bin Nasser
El verbo Qatar se
declina hoy entre rotonda y rotonda de
la calle más larga del sur de Europa, la
que une a los municipios costero desde Manilva a Nerja. Sólo unos cuántos miles
de viviendas en ventas mantienen el leve ruido de los insectos mientras le
buscan la vida a toda costa.
La compra del club
deportivo Málaga por el jeque árabe, Abdullah bin Nasser, da para ilusiones
futboleras, titulares, especulaciones y viejas pandemias de los años 60,
edulcarados recuerdos en cuché del chiringuito franquista de los
Jaime de Mora, Hohenlloe, Gunilla, que gozó del esplendor de la “milla de oro” apadrinada
por los petrodólares de los príncipes
árabes.
Nuestros primeros años
de democracia municipal, los nuevos planes generales, los municipios en su
mayoría socialistas, pararon el desenfreno, hasta que los críticos años
noventa, entronaron de nuevo la codicia con Jesús Gil a la cabeza, para expolio público, y “malayas”
consecuencias de tertulianos carcelarios.
El viejo agente 007, residente
en Marbella, abandonó su mansión Malibú, parecía que huía Sean Connery de la
plaga del ladrillo, o del sin fin de los viejos agentes del Este instalados en
la Costa, los nuevos ricos postsoviéticos. Ni para eso da el culebrón, al final
lo tienen implicado en la operación “Goldfinger”, por ser agente doble de
“Cementa”, filial de la terrible “Spectra” en la Costa del Sol, capaz de
contaminar lo más granado.
Entre qatar y cata,
Esperanza Oña, alcaldesa de Fuengirola y portavoz del Pp en el parlamamento
Andaluz, ha lucido su patrimonio
nacional catolicista, siempre adobado por un extraño liberalismo de
compra y venta. La muy buena señora se ha atrevido comparar a Blas Infante,
con el jefe falangista Elola-Olaso, para
evitar el cambio de nombre del Estadio Elola por el del Padre de la Patria
Andaluza, en conmemoración del 125 aniversario de su nacimiento, como pretendía
los ediles del Psoe.
Yo no soy quién para
pedir dimisiones, ni la rectificación de sus hechos y palabras, qué como es
obvio le pedirán sus opositores directos, sí soy quién para preguntarme, y más
después de leer la web de doña Esperanza, dónde remacha su constitucionalismo.
¿En qué parte del pedregal cayó nuestro espíritu constitucional, para que se
manifieste de esta manera?¿se puede despachar hacia el juicio divino una cosa
tan humana como la dimensión pública para nuestra comunidad de dos personajes
tan diferentes?
Es estos días dónde se
trata de buscar salida a las penurias, y
por tal, las autoridades brindan
por la esperanza alfombrando las idas y venidas del jeque futbolero, no me
olvido de nuestra tradicional hospitalidad. Alguien sugirió, hasta soslayar en el escudo del Club el
“Tanto monta, …”. Yo me ensimismo en la desesperanza que me provoca la portavoz
del partido popular en Andalucía, que no sabe distinguir entre la figura de
Blas Infante, el personaje del falangismo Elola-Elasso. Y si lo sabe –ni tanto
monta, ni monta tanto-.
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