sábado, 22 de agosto de 2020

LOS UCRANIANOS EN DOMINGO


 Domingo, a las cinco de la tarde, Plaza de La Marina: Los ucranianos
“¡Qué no quiero verla, qué no quiero verla!” Que no quiero ver la sangre de Andriy sobre la plaza de Maidan.
Son las cinco de la tarde, un par de cientos de ucranianos y algunos solidarios de nuestro paisanaje, guardan silencio, bajo el vuelo de las gaviotas que siguen presumidas  haciendo puntería sobre las nuevas instalaciones del puerto, los coros de palomas que cambian la paz por las miguitas de pan y el diálogo de las cotorritas dueñas y señoras de todas las copas de árboles.
Los nuevos lugareños que llegaron a España ingenieros y leídos, conservan bajo el sol los trienios sureños malacitanos de servicio doméstico, albañilería, y los muchos, la ociosa cola del paro. Sienten su patria con la congoja de un emigrante por sus familias inseguras, entre  noticiaros y skype, y su rabia se adueña entre nosotros a las cinco de la tarde.
La plaza que otrora fuera de Queipo de Llano, se llenaba entre las esculturas de Platero y Salvador Rueda, el recuerdo a las víctimas de la violencia doméstica, jovencitos patinadores y olor a coche de caballo, de aquellas mujeres de brillantes jerséis, y risas con algún diente de oro. Hoy el  invierno despejado alumbra silencios y abrazos compungidos a las cinco de la tarde.
Andriy llegó al valle del Guadalhorce con toda su ingeniería electrónica en la mochila, para poner ladrillos y pasear carretillas de sacos de cemento, educado como heredero de nobles uniatos, despojados y víctimas en los gulajs de Stalin; hoy habla español de entre andamios, con todo el desapego a la instrucción y más brotes de exclamación. Pero ya diseña páginas webs por doquier, con todas las ilustraciones y músicas que sabe saborear su alma.
Dani, es mi ahijado, mitad ruso imperial, mitad ucraniano por su madre, esto último nunca lo sabrá, y espero que algún día pueda discernir del amor que le profesa mi compadre, atento al cuidado de su ensimismamiento mental. Nuevos mundos que nos convivieron tras la perestroika y nuestro boom del ladrillo.
Allí entre Meidan y los estados mayores, se hace puntería criminal con la inocencia, nadie se fía de nadie, porque entre ellos y el destino, se ha impuesto la geopolítica y un presente mísero que atrae las viejas divisiones de la Ucrania.
Ucrania debe ser Europea, con todos nuestros pasados y en busca de mejor destino. Europa debes ser Ucrania a pesar de su singular puzle político y su inquietud económica. Putin se tiene que acostumbrar a ser nación y estigmatizar los ucases zaristas, Obama debe aprender a doblar la página de la guerra entre dos mundos. Y a los adalides de las revoluciones de colores como Soros y su Open Society, despojarlos de la voracidad de los movimientos de los fondos de alto riesgo.
Y a las cinco de la tarde, los veremos con sus pasaportes europeos, sin el arriate de flores en el consulado de Ucrania evocando a los compatriotas muertos, y cosiendo nuestro futuro común.
Curro Flores



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