Entre Trump y nuestras
cosas
Si las comparaciones
son odiosas, las que hacen nuestros paisanos políticos entre los parentescos de
Trump, con nuestros partidos y dirigentes, retrata esa necedad galopante que se
niega a abandonarnos. De pequeño aprendimos a ofendernos, con aquello de, “la
tuya que es más zambulla”, lo de “zambulla” debía de ser muy gordo, pero
algunos hasta hace poco no nos hemos
enteramos de su significado. Lo de Trump es gordísimo, pero colgarle el
“trumpbenito” a todos nuestros adversarios a la izquierda o la derecha, es de
un populachero, descorazonador ante el populismo que pretendemos atacar. Pero aquí lo
castizo, tiene un butacón de los que dan masajes. Si se me permite la broma, el
más hábil de nuestros políticos en el movimiento inmobiliario, es el joven
Espinar, pero parece que le sonó la flauta por casualidad.
La verdad es que espero
lo peor de Trump, como esperé lo peor de Gil, pero vendrán las tropas de
aduladores, la represión informativa, los capitales contentos, el resto callados,
salvo unos pocos, hasta que la pestilencia que deje el personaje, sea imposible
de digerir por la sociedad, y suerte si llegamos a tiempo de resolver el
desaguisado. Trumpes ha tenido la historia de los que les sobra el sueldo de
presidente, porque prefieren cobrar a
porcentaje.
La sequedad de nuestro
noviembre, el de la luna más gorda, ha puesto a los vecinos de Benamocarra a
sacar su Cristo y a San Isidro en procesión, porque los aguacates, las patatas
y los mangos están sin gota, y los benamocarreños antes de quedarse a dos
velas, prefieren llevar el cirio detrás de las imágenes. Como cunda el ejemplo,
Málaga siempre será la primera en el peligro de la libertad y procesional,
cambiaremos el calendario festivo
católicos, para adaptar la muerte y el nacimiento de Cristo al cambio
climático, “¿qué dirá el santo Padre que vive en toma?...”
Lo de Torremolinos, no
tiene nombre, la deuda municipal que ha dejado el PP, es el doble del
presupuesto, doscientos millones, de los que 87 han aparecidos por el arte de
birlibirloque, sin haber estado contabilizado.
Fernández Montes, el
alcalde popular se despidió diciendo que dejaba una deuda escasa, de solo tres
millones exigibles, pero eran doscientos millones, y siempre nos quedará la
duda, si era un embustero, un mal administrador o un mani roto, pero me inclino
que era todo a la vez, y sobre todo un gran antidemócrata que ganaba
elecciones, con una televisión pública a su absoluto servicio, mucha propaganda
y pescaito frito gratis. Las democracias son más avanzadas, cuánto más puedan
controlar los ciudadanos las cuentas municipales y decidir sobre ellas, las
mayorías del partido popular en Torremolinos, han impedido que los
torremolinenses con su nuevo pueblo, progresen poco en la democracia municipal.
Las procesiones en
Torremolinos irán por dentro, porque la deuda impedirá programas, proyectos e
ilusiones, con las que contaban los nuevos gobernantes, además, lo único que
falta es que empiece a llover, por sacar los santos, y retire las pequeñas
compritas de los insersos que pululan en invierno.
Curro Flores
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