Elecciones municipales
lo concreto y lo imaginario
Estoy seguro que el
yoga le sacudirá parte del estado de
ansiedad a Rato, y que el saludo al sol, lo practicará con más soltura en su
estera que la genuflexión del arrestado o el decirle ¡hola! a la muchedumbre de
indignados por su execrable comportamiento.
La campaña de las
elecciones municipales va a comenzar en días, y más que un repaso a la gestión
de los ediles, a las revalidaciones o no de los alcaldes, de propuestas
concretas para el día a día de nuestros pueblos y ciudades, de augurarnos
nuevas iniciativas de gestión. La
campaña se va a centrar en la limpieza, no de nuestras calles, sino de nuestros
gestores públicos, a la vista del panorama de los paseíllos judiciales y los
sumarios interminables.
En la corta historia de
la democracia española, varias veces les ha tocado a las municipales, doblarle
el pulso al poder existente en la esfera del estado por el descontento popular
y trascender por encima de su ámbito. Estamos en una de esas elecciones, dónde
el mejor de los ediles no pasará la prueba electoral, por verse concernido por el desvarío y la
golfería de algunos de sus correligionarios que lo han mancillado con la sombra
de la duda, o por las políticas austerísimas que le ha plantado su gobierno.
Sigo con interés los
anuncios de los programas electorales municipales, porque no puedo renunciar a mi pasión municipalista,
pero con pavor veo como las energías de la ciudad se va a gastar por
necesidades inaplazables de la población más desfavorecidas, es decir, en
paliar los estragos que la política del PP a nivel nacional ha hecho sobre el
estado de bienestar.
Así que desahucio, emigración de nuestra población
joven, atención a parados de larga duración, políticas contra la violencia de
género, políticas de dependencia o
alimentación infantil, se superponen en el frontispicio de la campaña, al
elenco de actividades que les son propias a los municipios.
Puede que a algunos no
le baste ya prometer sobre el Código Penal, o jurar sobre los Diez Mandamientos,
porque la población padece hartazgo, no solo de promesas incumplidas sino del
pillaje. Ahora toca la regeneración que van a alumbrar las municipales, pero
que nadie olvide que el mismo día en el que tratamos de regenerarnos, hay que
seguir ocupándose y gestionar con solvencia, el urbanismo, el agua, la limpieza, el transporte urbano, del
tráfico, de nuestras actividades sociales, de la cultura, de los barrios y su
descentralización, de la participación ciudadana.
Motivos había para
haber convocado antes las elecciones generales, y haber liberado a las
municipales de ser la carga de la prueba ciudadana del imaginario de las
generales. Podríamos haber dejado a los futuros ediles competir con razones
como compatibilizar sus ideas políticas con lo concreto del día a día menos sofisticado
de su tarea gestora.
Curro Flores
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