Esperanza a la
acechanza
La debilidad del poder
de Rajoy y su gobierno, lleno de ademanes de satisfacción, y condenando a todas
las capas de la población, las que solo tienen el merecimiento de ser más y
tener menos. Lo lleva a perder la popularidad entre sus votantes a límites de descreimiento y absoluta
desesperanza.
El poder que no la
autoridad está en el BOE y en unos escaños que se mojan, la confianza en las
instituciones espera ser reflotada como el Costa Concordia, y mientras todo va
haciendo agua, Esperanza Aguirre al acecho enseña la regadera.
Si la señora caza
cerebros no se hubiera puesto en expectativa de destino, dimitiendo como
madrileña jefa, seguro que Terrence Burns, el hacedor de los discursos y
entrenamientos de los delegados españoles que hablaron en el caro despiporre olímpico, le hubiera dado un toque
golfista a su intervención, con más cuba libre y menos café con leche.
Los que como ella pueden
disfrutar a lo largo del green del swing y habilidad en el back spin (golpe con efecto retroceso),
siempre pueden consolar su discurso
de la igualdad de oportunidades viendo
la sombra de un caddie que le sigue y que puede llegar a ser un Miguel Ángel
Jiménez, o de un lagunero que acumula pelotas perdidas para venderlas como un
chino.
En los tiempos que
corren hay quién masculla la esperanza entre las colas del desempleo o en las
de la administración de loterías, otros eligen darse la mano a lo largo del
mapa, en las colas devotas de promesas de penitentes hacen su turno de fe,
mientras la caridad la desafía con sus aglomeraciones frente a los bancos de
alimentos. La Europa en ralentí nos muestra todas las velocidades en la calle
que puede tener el desánimo de la crisis.
Pero la esperanza que
es tozuda por definición, les viene a la derecha de manos de una mujer
aguerrida, liberal de esa parte de los principios que como te descuides te salta
un ojo. Doña Espe trae la buena nueva del adelgazamiento fiscal, que siempre
conlleva acabar con la bulimia del gasto que no es otra cosa que llevar a la
anorexia al estado, para aumentar el raquítico amparo a la ciudadanía.
Perder la esperanza,
nos decía mi admirado conciudadano don Jorge Guillén, es lo único reaccionario.
Pero concebir la esperanza en la señora Aguirre, nos predispone a agudizar
nuestro cerebro, para no jibarizar más los asideros de nuestra existencia colectiva.
Curro Flores
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