Ciudadanos y ciudadanos
En la crisis de los
setenta del pasado siglo el Parte (diario hablado) pregonaba que los concejales serían despojados de los
seats 1500 negros y voluminosos a juego
con bigotes y gominas del régimen, cosa que se me pegó al oído. Lehmann
Brothers y hermanastros en su deriva han deparado mucha miseria y desazón, y en Málaga ediles variopintos y hasta
despintados, nos han retrotraído al pasado la novedosa medida de quedarse sin coches
oficiales, y al albur del bono bus,
metro, bicis, segways y alpargates.
Los ediles más desteñidos
de color fanta naranja aguado reserva de los ochenta, con el 5, 73 % del
censo electoral, han recibido el mango a distancia, que es como el bastón de
mando del alcalde pero en diferido; así que el señor Juan Cassá, al que
pillaron haciendo sus necesidades sobre España en twitter, cosa normal,
pero a la tasa, y que los fisgones en las redes sociales lo querían zapatear
por anti hispánico; tiene mangoneo en Alcaldía y Pleno, y hasta le saludan al
pasar las gaviotas y las palomas por el
parque.
La política, el arte de
lo posible, se ayuda de lo imposible para explicar lo inexplicable, y aunque
ahora los ciudadanos tienen más opciones, las listas cerradas trafican entre el
cónclave partidista y el popularismo de
mala manera. Así que los nuevos Iglesias y Rivera, como los castizos
desparraman su popularidad con los Kichis y Cassáles de turno.
Para Susana Díaz y
Cristina Cifuentes, los votos de Ciudadanos han sido providenciales y no se
sabe cuánto tienen de provisionales, pero ayudan a gobernar en nuevo menáge a tróis ideológico sin ideas.
Muchos ayuntamientos se gobiernan por el
PSOE en la provincia con el apoyo de
Ciudadanos, pero llama la atención que haya elegido para la nueva política en
la ciudad a Francisco de la Torre, al tiempo que el incendiario discurso de
Isabel Torralbo en el pleno de investidura de la ciudad espantó a sus castos
oídos políticos, y les ha servido de
excusa para inclinar sus votos a los populares en la Diputación Provincial.
Los ciudadanos que
venimos de momentos de estío, congoja e irritación con el devenir de la
política española, merecen un cambio de clima que poca el acento en la
transparencia de sus asuntos públicos, pero que no se olvide que la
transparencia empieza en no fiar su voto a lo desconocido y a algún que otro
conocido, por más inexplicable que parezca.
Curro Flores
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