sábado, 22 de agosto de 2020

ENTRE PINCHOS Y VALDEMORO


Entre pinchos y Valdemoro
El viejo dicho de “entre Pinto y Valdemoro”, patrón de la perplejidad hispánica, ha saltado al tugurio de las noticias, para quitar página al fake de Évole sobre el 23F. La cuchipanda de los Tejeros en el cuartel de Valdemoro, real como su paella, conmemoraba el día del secuestro de la democracia, con el desparpajo de los beneméritos patrioteros que campan a sus anchas.
Ya sin fake que valga, hemos sabido sobre las estancias carcelarias de los jefes golpistas, tan a sus anchas como Al Capones de uniforme con mayordomía incluida. Llegará el día que conozcamos los silencios que guardan los archiveros de nuestra democracia, siempre tan cautos ante nuestro derecho a saber.
Las crisis económicas acentúan las dudas políticas, a la par que enciende los ventiladores, porque ni el incienso, o el trabajo  silente de los fontaneros son suficientes para quitar el hedor de las atoradas cloacas del estado. Necesitamos aires frescos, porque los ciudadanos no estamos para que se nos diga cuando toca saber, y se nos imponga un punto y final generoso a nuestra costa.
El almuerzo de farras, nos ha traído a los postres, noticia sobre la tesina del destituido teniente coronel Antonio Tejero Diez, dedicada a la importancia persuasiva y represiva de las pelotas de goma ¡manda pelotas! ¡Hay mala gente pa tó!
El Ministerio de Interior no encuentra como dar explicaciones sobre la tragedia de Ceuta, y menos tiene interés por darlas, quizás en la tesina del destituido encuentre un manual de explicaciones de uso. Con pelotas, con pinchos y con la muralla China alambrada, la hambruna y la desgracia es una fábrica de caballos de Troya que desborda nuestro ingenio de sellar fronteras.
Hoy que nos sentimos con Suarez, que comienza el Festival  de Cine de Málaga, que Ucrania se compromete con la UE y veremos lo que nos  queda. Varios de los cientos de personas subsaharianas que saltaron la valla de Melilla, las trasladan a Málaga por overbooking en los campamentos melillenses.
Ahí me he sentido evocar el niño que fui que con hucha en ristre y que con una sonrisa de oreja a oreja postulaba por el Domund, para ayudar a los negritos, que uno solo los podía percibir como  hijos de los extras de Tarzán, a los nietos de Toro Sentado, y a los chinitos que conocía por el flan chino El Mandarín.
Hoy la transhumancia me descabalgan los sueños de Lumumba, el pos maoísmo y el entusiasmo con el que cantábamos Soldadito boliviano. Las concertinas me enseñan sus rebanadas, el chino me vende un cuaderno de dos rayas, el nieto de Siting Bull me toca por bulerías y los ucranianos siguen plantado el domingo a las cinco de la tarde en la Plaza de la Marina. Poco nos rindieron nuestras  huchas apostólicas romanas ante las caravanas de la penuria, ahora gastamos en pinchos, y muy poco de nuevo en educación para la mundología.
Curro Flores






No hay comentarios:

Publicar un comentario