Entre pinchos y
Valdemoro
El viejo dicho de
“entre Pinto y Valdemoro”, patrón de la perplejidad hispánica, ha saltado al
tugurio de las noticias, para quitar página al fake de Évole sobre el 23F. La
cuchipanda de los Tejeros en el cuartel de Valdemoro, real como su paella,
conmemoraba el día del secuestro de la democracia, con el desparpajo de los
beneméritos patrioteros que campan a sus anchas.
Ya sin fake que valga,
hemos sabido sobre las estancias carcelarias de los jefes golpistas, tan a sus
anchas como Al Capones de uniforme con mayordomía incluida. Llegará el día que
conozcamos los silencios que guardan los archiveros de nuestra democracia,
siempre tan cautos ante nuestro derecho a saber.
Las crisis económicas
acentúan las dudas políticas, a la par que enciende los ventiladores, porque ni
el incienso, o el trabajo silente de los
fontaneros son suficientes para quitar el hedor de las atoradas cloacas del
estado. Necesitamos aires frescos, porque los ciudadanos no estamos para que se
nos diga cuando toca saber, y se nos imponga un punto y final generoso a
nuestra costa.
El almuerzo de farras,
nos ha traído a los postres, noticia sobre la tesina del destituido teniente
coronel Antonio Tejero Diez, dedicada a la importancia persuasiva y represiva
de las pelotas de goma ¡manda pelotas! ¡Hay mala gente pa tó!
El Ministerio de
Interior no encuentra como dar explicaciones sobre la tragedia de Ceuta, y
menos tiene interés por darlas, quizás en la tesina del destituido encuentre un
manual de explicaciones de uso. Con pelotas, con pinchos y con la muralla China
alambrada, la hambruna y la desgracia es una fábrica de caballos de Troya que
desborda nuestro ingenio de sellar fronteras.
Hoy que nos sentimos
con Suarez, que comienza el Festival de
Cine de Málaga, que Ucrania se compromete con la UE y veremos lo que nos queda. Varios de los cientos de personas
subsaharianas que saltaron la valla de Melilla, las trasladan a Málaga por
overbooking en los campamentos melillenses.
Ahí me he sentido
evocar el niño que fui que con hucha en ristre y que con una sonrisa de oreja a
oreja postulaba por el Domund, para ayudar a los negritos, que uno solo los
podía percibir como hijos de los extras
de Tarzán, a los nietos de Toro Sentado, y a los chinitos que conocía por el
flan chino El Mandarín.
Hoy la transhumancia me
descabalgan los sueños de Lumumba, el pos maoísmo y el entusiasmo con el que
cantábamos Soldadito boliviano. Las concertinas me enseñan sus rebanadas, el
chino me vende un cuaderno de dos rayas, el nieto de Siting Bull me toca por
bulerías y los ucranianos siguen plantado el domingo a las cinco de la tarde en
la Plaza de la Marina. Poco nos rindieron nuestras huchas apostólicas romanas ante las caravanas
de la penuria, ahora gastamos en pinchos, y muy poco de nuevo en educación para
la mundología.
Curro Flores
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