Griñán, crónica de una
despedida anunciada
Los psoeólogos,
psoetécnicos, corífeos y antagonistas han recibido un anuncio de calado, que me
ahorro repetir por eso de que ha consumido un día o más de portadas, titulares,
radifonías, facebuques, tuiters y likendis.
Ni que decir tiene, que
tan escasos estamos de psoenoticias, que por un momento los wertlusconis, los
barcegürtel, los erequeeres, los matagarín, jueces, ancelottis, condes e
infantas han perdido foco, y parece que el huracán Griñán ha concitado la tormenta
perfecta.
Póngase uno como se ponga, ya se le ve venir a los
opinadores, desde los de eso no va conmigo, los que no veas que follón, los de
todo está atado y bien atado, los que le importa un bledo. El tiempo que es un
buen consumidor de aconteceres, pronto nos vislumbrará los resultados, si los
hay, más allá de un raspado de trienios en la dirección del aeroplano.
Lo significativo del
caso, es que uno emita desde el poder señales de coherencia y anuncie su
despedida del mismo, por lo que a Griñán hay que aplaudirle el gesto, y más
cuando ha amarrado la tropa, para evitar una llorada, que le obligara a
replantearse tener que presentarse de
nuevo.
Rubalcaba, Almunia,
Griñán, pocos más y derivados, son todavía los rescoldos del pasado más
glorioso de la historia del PSOE. El día que Felipe González dimitió como
secretario general del Partido, empezó el despeñarse poco a poco la cúpula con
más ruidos que nueces. Hasta que un acierto de las primarias nos sacó de la
última letra de la bancada un ZP. Cuatro años de gloria, cuatro años de crisis,
y una paz interna entre los socialistas de la que no se gozó, ni en las más
envidiables circunstancias electorales de los jovencitos de Surennes.
Las encuestas que
llegan emiten un rumor desafecto, y por más que uno se anime y evite tenerlas
como el espejo de la bruja de blancanieves, no hay manzana que mejore la
cuestión por ahora. Por eso, el gesto de Griñán, con perdón, es del poema de la
“bruja hermosa”.
Dar el relevo es un
acto de gallardía y precisión, coger el relevo es un acto de garantía y
compromiso. Hay banquillo, están entrenados, hay ideología, hay que llenarla
de ideas y trabajo. Pero tenemos el
hándicap del conformismo de cuatro años de paz interna durante la crisis, en
los que cuesta trabajo reconocerse. Así
son las huidas de las aguerridas y a veces estériles controversias interna del
pasado.
Tomará nota quién sepa
tomar nota, pero la invitación a rejuvenecer al centenario PSOE, amén de
parecer un acto hereditario de aparato, debe tener la impronta de un liderazgo
rebelde y renovador que la sociedad exige en estas circunstancias aciagas. Si no
nadie entenderá la crónica de una despedida anunciada.
Curro Flores
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