jueves, 20 de agosto de 2020

GRIÑÁN


Griñán, crónica de una despedida anunciada
Los psoeólogos, psoetécnicos, corífeos y antagonistas han recibido un anuncio de calado, que me ahorro repetir por eso de que ha consumido un día o más de portadas, titulares, radifonías, facebuques, tuiters y likendis.
Ni que decir tiene, que tan escasos estamos de psoenoticias, que por un momento los wertlusconis, los barcegürtel, los erequeeres, los matagarín, jueces, ancelottis, condes e infantas han perdido foco, y parece que el huracán Griñán ha concitado la tormenta perfecta.
Póngase  uno como se ponga, ya se le ve venir a los opinadores, desde los de eso no va conmigo, los que no veas que follón, los de todo está atado y bien atado, los que le importa un bledo. El tiempo que es un buen consumidor de aconteceres, pronto nos vislumbrará los resultados, si los hay, más allá de un raspado de trienios en la dirección del aeroplano.
Lo significativo del caso, es que uno emita desde el poder señales de coherencia y anuncie su despedida del mismo, por lo que a Griñán hay que aplaudirle el gesto, y más cuando ha amarrado la tropa, para evitar una llorada, que le obligara a replantearse  tener que presentarse de nuevo.
Rubalcaba, Almunia, Griñán, pocos más y derivados, son todavía los rescoldos del pasado más glorioso de la historia del PSOE. El día que Felipe González dimitió como secretario general del Partido, empezó el despeñarse poco a poco la cúpula con más ruidos que nueces. Hasta que un acierto de las primarias nos sacó de la última letra de la bancada un ZP. Cuatro años de gloria, cuatro años de crisis, y una paz interna entre los socialistas de la que no se gozó, ni en las más envidiables circunstancias electorales de los jovencitos de Surennes.
Las encuestas que llegan emiten un rumor desafecto, y por más que uno se anime y evite tenerlas como el espejo de la bruja de blancanieves, no hay manzana que mejore la cuestión por ahora. Por eso, el gesto de Griñán, con perdón, es del poema de la “bruja hermosa”.
Dar el relevo es un acto de gallardía y precisión, coger el relevo es un acto de garantía y compromiso. Hay banquillo, están entrenados, hay ideología, hay que llenarla de  ideas y trabajo. Pero tenemos el hándicap del conformismo de cuatro años de paz interna durante la crisis, en los que  cuesta trabajo reconocerse. Así son las huidas de las aguerridas y a veces estériles controversias interna del pasado.
Tomará nota quién sepa tomar nota, pero la invitación a rejuvenecer al centenario PSOE, amén de parecer un acto hereditario de aparato, debe tener la impronta de un liderazgo rebelde y renovador que la sociedad exige en estas circunstancias aciagas. Si no nadie entenderá la crónica de una despedida anunciada.
Curro Flores


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