Foie humano a 40.000
euros el cacho
El que visitaba las vallas de Ceuta y Melilla
era Fernández Díaz, ministro de Interior, seguro que él y nosotros ¡ojalá!, no
tenemos que arriesgar nuestros cuerpos para saltar a la otra parte en pos de un
futuro mejor. La brújula de la abundancia señala en nuestro hemisferio al norte.
Pero como en los documentales sempiternos de las migraciones estacionales de los
ñus y las cebras del Serengueti, saltar
la valla o pasar el río buscando pastos,
es un asunto de alto riesgo, porque alimañas o artimañas pueden cercenar sus
destinos.
Quién llegue sano y
salvo, si no encuentra cobijo, inicia un camino clandestino y truculento, como
el de los fardos de drogas que sorteen la vigilancia fronteriza, pero con
ninguna alharaca hospitalaria de ser
objetos deseados de dependencia. Competirá por la hogaza con un ejército
de parados, desechados por el capitalismo financiero, y la compasión les puede
llevar también a ser sujetos de la caridad. Pero la peor parte es la de
aquellos que no pueden evitar ser esclavos de las mafias, y están en el mercado
cruel de los trasplantes de órganos.
Hace unos meses el
defensor del pueblo andaluz daba datos sobre la suculenta economía en la que se
movían las mafias que trafican en las fronteras, a costa de niños, el sexo y órganos humanos. Despedido Rouco, el
aniversario del 11M, la morosidad hipotecaria, la fianza de Magdalena, los wash
up de Susana y Juan Manuel; y en la esquinita de las noticias que desaparecen,
las de pavesa rápida, la detención de cinco mafiosos, y casi un anuncio por palabras
de los que nos dejan sin palabras, “40.000 euros por un trozo de hígado”, para
un político rico libanés de 61 años que lo necesita.
Normalmente cuándo
estas noticias toman cuerpo, es después de dejarse muchos trozos de cuerpo por
el camino y algunos cadáveres de los intrépidos desheredados en la miseria.
La poliarquía
constitucional en la que estamos instalados como la hubiese llamado Robert A.
Dahl, el eminente politólogo recientemente fallecido, quizás el más agudo
estudioso de la democracia como teoría y práctica. Es la fórmula menos mala de
gobierno entre la dictadura y la democracia
cabalgando hacia la equidad.
Ahora toca sin
hartazgo, saltarse el hartazgo, para quitar la hegemonía de la derecha europea en
el Parlamento. Los del Sur como los del Este, estrábicos de izquierdas y
derechas en función de nuestras dictaduras de procedencia, tenemos que
convertir nuestro voto en más cohesión y menos “sidecarismo”.
La fábrica de derechos
humanos, con dos guerras mundiales a sus espaldas, la vieja Europa, tiene todo
los argumentos para reinventarse sin perderse. Ni troika, ni hada madrina, una
Comunidad que sepa saltar la valla de un capitalismo de casino que pone precio
en sus negras entrañas al foie humano y cuenta los datos del desempleo como las
predicciones del tiempo.
Curro Flores
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