La Patria de los socialistas,
es la educación ha
reiterado el Presidente de la Junta de Andalucía en Huelva. Los que hemos pasado los primeros años de nuestra escuela,
entre inflamadas exaltaciones patrióticas, tenemos un cierto repelús a la
divina palabra patria, pero en este caso debemos acoger el mejor sentido de
compromiso de esta declaración de principios. Aquella expatria de la que
veníamos, nos prefería que fuéramos autodidactas o iletrados a la mayoría. La
idea de que las personas realmente educadas son los autodidactas, no excusa de que el Estado se ocupe de la educación;
está universalmente convenido, que no es posible organizar nuestra educación
como derecho fundamental, sin el Estado.
Una vez que el pueblo
andaluz recobró su iniciativa, el acceso a la educación de todos los andaluces
fue garantizado y mejorado, la preocupación por el sistema educativo fue una
constante de los distintos gobiernos, pero a veces percibimos en demasía la
sensación de acercarnos a la decadencia sin haber logrado el apogeo. Por eso ésta
declaración de principios de Griñán, debe situarnos no solo en la pertinente
ampliación de los presupuestos educativos en un periodo de escasez, ni en
aprobar una asignatura pendiente de la agenda política, sino en el más alto
sentido de responsabilidad constante, en la tarea educativa para con la
comunidad.
Nosotros, bien ha dicho
el presidente, no estamos para excomulgar, sino para defender nuestras ideas,
frente a creencias que, imponen una capa impermeable al sentido crítico y a la
razón. La mejor manera de dejar de ser un pobre diablo, es poder asumir nuestra
responsabilidad social con nuestra mayor conciencia y transparencia;cabalgar en
pos de la educación es cabalgar por la comprensión y la tolerancia.
La eficacia de la
educación no es atiborrarnos de saberes y dogmas, sino en preparar nuestra
actitud y aptitud para el conocimiento.
Debemos crecer como seres adecuados para buscar alternativas. Las nuevas
tecnologías y la sociedad de la información globalizada, más que como componentes
mecánicos aceptados tal cual, debemos vivirlos impregnados siempre de la acción
humanista.
Victor Hugo en”Los
Miserables” ponía el futuro en manos de
los maestros. La impronta del siglo XXI exige nuevos retos. Nuestra esperanza
es hacer unas comunidades escolares muy vivas, participadas por todos sus
componentes, en diálogo fluido, sometida al reto de la mejora permanente de los
educandos, y para eso debemos huir de
indolencias paternales. La presencia pública y sus formalismos organizativos no
nos deben avocar a un funcionarismo esclerótico de los enseñantes. La
permanente motivación está siempre en juego.
Hoy los niveles de
audiencia de nuestras televisiones prefieren a Belén Esteban y sus cuitas, los
cariños de la longeva Duquesa, los graciosos niños andaluces de Juan y Medio,
cachulis y tonadilleras, Ronaldos o quién Xavi. Cuando pienso en mejorar este
panorama, no aspiro a vincularnos al desprestigiado elitismo cultural, sino a
la permanente educación y cultura de la gran mayoría, seguro de que nos pondremos frente a los espejos
parlantes de nuestros televisores,
buscando opciones menos impropias y decadentes.
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