Los cuadernos azules de
Josema
Sale a estanterías de
librerías y kioscos de prensa, para el entusiasmo de las huestes el segundo
tomo de las memorias de José María Aznar. El hombre, entre carreras, flexiones,
cafelitos consorte con leche en la Plaza Mayor, consejos de administración,
otros consejos, tener la mosca detrás de la oreja, conferencias, pasear el
perro por las playas de Marbella y destilar FAEnas, coge el boli y se calienta
los cascos ayudado por sus cuadernos azules. Así podremos darnos cuentas que
era un presidente de provecho, lo que hacía y deshacía, lo apuntaba en sus
blocs con ese sesgo imperioso que da ser testigo en primera persona del
singular. Historiadores, médicos forenses y hagiógrafos, lo tienen más fácil
que los becados por la Fundación Felipe González a la hora de desarrollar sus
investigaciones, Felipe es ágrafo,
aunque con un verbo más resistente.
Nos advierte el autor
en su entrevista de promoción dominical que el libro se pasea por sus años en
el gobierno, pero que obviamente no está todo, porque por suerte las historias
interminables ya tienen su sitio en la literatura mágica.
Los cuadernos azules,
que no de otro color, están en una caja fuerte, guardados celosamente por el
autor, para que constituya en el futuro una saga de Indiana Jones en busca de
los apuntes jodidos. Los sacó para un sesión fotográfica, como el que saca la
primera edición de El Principe, El
Sinodal de Aguilafuente o El Tirante. En esos cuadernos, como en las libretas
de Mou, se nombraban ministros y se tachaban los servidores prestados, se
chapurreaba catalán y chicano, y chapoteaba en gallego y hombre poco dado al
chismorreo, se chismorreaba a si mismo sobre la hazaña histórica del día como
la retoma de la isla de Perejil, de mayor valor literario que la ínsula
Barataria.
Poco dado al
materialismo histórico, con esa dialéctica que da el estar encantado de
haberse conocido, anula de sesgo la
capacidad de la izquierda de tener una perspectiva histórica, que en lenguaje
del vencedor, es dejarnos en la cuneta de la memoria histórica rellenando
panfletos de lo que pudo ser y no será.
Entre Pio Moa y el mito Churchill, protegido por la
inteligencia de la historia y por la
seguridad que da la Academia de la Historia Española, revalidará sus memorias
como la mismísima definición del franquismo, los Papa Noel y los Reyes Magos
pondrán en las zapatillas de diseño de los seguidores del FAES thinking, el
mamotreto augusto del presidente añorado.
Advertencia: Los sobres
son sueldos, y no sobresueldos, por los servicios prestados. La receta a la
crisis, menos regulación y menos impuestos a los amiguetes.
Curro Flores
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