Mil imágenes y mil
palabras
El desparpajo y la jeta
bien manejados han hecho siempre estragos en las adhesiones colectivas, incluso
interpretados de la forma más grosera y falaz, ya que las masas se amuerman o
se avivan según corren los vientos de la necesidad, la oportunidad y el son de
los ideales.
Gil en una bañera a
toda tripa, lenguaraz y rodeado de
señoritas ataviadas con lo mínimo, adoctrinaba sobre lo divino y lo humano en
la tele en hora de máxima audiencia, y tan popular se hizo que se permitió el
saqueo de todo lo público por dónde los votos de los ciudadanos de Marbella y otros municipios se lo permitieron. Cito este
ejemplo como el más llamativo del juego del populismo hispánico.
La privatización de los
medios de comunicación junto al canto a la libertad nos trajeron el juego
oneroso de sus propietarios de conseguir la máxima audiencia, así que el canto
a la libertad cayó en un debate político a gritos desafinados y muchas veces
insustancial que atraía por el abuso del tu más. De aquella época guardo en la
desmemoria a Celia Villalobos y las cristinas, las que sacaron sus réditos
políticos de la extraordinaria popularidad que su presencia en las tertulias
provocaba.
La vieja izquierda de la agitación y la
propaganda ha sido sustituida por una nueva generación que lanza sus mensajes
hiperactivamente en las redes sociales que bien manejados dan unas
posibilidades insospechadas, frente a la imprentilla, la multicopista, el boca
a boca y el mitin, y como consecuencia hasta en el terreno de juego más tedioso
para las confrontación política, las europeas, han conseguido alborotar el
panorama.
Poco a poco vamos
digiriendo a la nueva casta política de Podemos viendo como llevados por las
encuestas, liman sus dirigentes su estela militante en la vieja izquierda, para
situarse en el limbo de lo nuevo donde no está de moda distinguir izquierda y
derecha, sino juventud frente a la tradición constitucional.
Los plasmas y los
tuits, se han convertido en las armas para el convencimiento, y partiendo que
un seductor argumento intelectual político atrae más que la tediosa explicación
del día a día del quehacer político, sufrimos una hiperinflación de mensajes
tentadores vintage que parecen el no va más, porque funcionan en 140 caracteres y en las
tertulias de rigor.
La crisis está trayendo
viejas novedades en Francia por la ultraderecha populista y en España por dónde
ellos quieran, en una época dónde miles de imágenes y miles de palabras pueden
poner uniforme a un mal de confusiones. Mientras, Rajoy hace ostentación de su
indolencia, y Pedro Sánchez se muestra y propone política para tratar de
recuperar el espacio perdido en esos programas dónde el marketing de la imagen te llevan a andar por la cuerda
floja de la popularidad.
Curro Flores
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