miércoles, 5 de agosto de 2020

MIL IMÁGENES Y MIL PALABRAS


Mil imágenes y mil palabras
El desparpajo y la jeta bien manejados han hecho siempre estragos en las adhesiones colectivas, incluso interpretados de la forma más grosera y falaz, ya que las masas se amuerman o se avivan según corren los vientos de la necesidad, la oportunidad y el son de los ideales.
Gil en una bañera a toda tripa,  lenguaraz y rodeado de señoritas ataviadas con lo mínimo, adoctrinaba sobre lo divino y lo humano en la tele en hora de máxima audiencia, y tan popular se hizo que se permitió el saqueo de todo lo público por dónde los votos de los ciudadanos de Marbella  y otros municipios se lo permitieron. Cito este ejemplo como el más llamativo del juego del populismo hispánico.
La privatización de los medios de comunicación junto al canto a la libertad nos trajeron el juego oneroso de sus propietarios de conseguir la máxima audiencia, así que el canto a la libertad cayó en un debate político a gritos desafinados y muchas veces insustancial que atraía por el abuso del tu más. De aquella época guardo en la desmemoria a Celia Villalobos y las cristinas, las que sacaron sus réditos políticos de la extraordinaria popularidad que su presencia en las tertulias provocaba.
La  vieja izquierda de la agitación y la propaganda ha sido sustituida por una nueva generación que lanza sus mensajes hiperactivamente en las redes sociales que bien manejados dan unas posibilidades insospechadas, frente a la imprentilla, la multicopista, el boca a boca y el mitin, y como consecuencia hasta en el terreno de juego más tedioso para las confrontación política, las europeas, han conseguido alborotar el panorama.
Poco a poco vamos digiriendo a la nueva casta política de Podemos viendo como llevados por las encuestas, liman sus dirigentes su estela militante en la vieja izquierda, para situarse en el limbo de lo nuevo donde no está de moda distinguir izquierda y derecha, sino juventud frente a la tradición constitucional.
Los plasmas y los tuits, se han convertido en las armas para el convencimiento, y partiendo que un seductor argumento intelectual político atrae más que la tediosa explicación del día a día del quehacer político, sufrimos una hiperinflación de mensajes tentadores vintage que parecen el no va más, porque  funcionan en 140 caracteres y en las tertulias de rigor.
La crisis está trayendo viejas novedades en Francia por la ultraderecha populista y en España por dónde ellos quieran, en una época dónde miles de imágenes y miles de palabras pueden poner uniforme a un mal de confusiones. Mientras, Rajoy hace ostentación de su indolencia, y Pedro Sánchez se muestra y propone política para tratar de recuperar el espacio perdido en esos programas dónde el marketing  de la imagen te llevan a andar por la cuerda floja de la popularidad.
Curro Flores




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