¿Nos pertenece la
esperanza?
El discurso de Obama en
Tucson para homenajear a los seis muertos y catorce heridos tiroteados por
Jared Loughner, abrió de par en par las puertas de la esperanza, entornadas por
el fuego verbal de los devotos de las trincheras, la molicie económica y esas
disonancias que transcurre en el día a día de un gobernante y sus votantes. Las
palabras elocuentes que pronunció, éticas, llenas de sentido de la alteridad,
levantaron el espíritu Obama, nos pusieron en hora el reloj de la confianza.
Como hemos podido
seguir, hasta los más aguerridos comentaristas, los de la cadena Fox News, siempre
contra el mandatario estadounidense, tuvieron que reconocer el valor de las
palabras de Obama en tan tremendas circunstancias.
Solo algunas notas discordantes,
y en especial una, Fidel Castro. El verbal Comandante exprime su existencia,
lanzando sus perlas sui generis para que mastique el buen cubano grama en el Granma. No le ha gustado lo que dijo el
yanqui -¡qué pena! Alimento para páginas reaccionarias desde el escalafón
revolucionario de un fraude.
Rememoremos la defensa
que se hizo el joven Fidel, aquel monumental “La Historia me absolverá”, frente
a Batista; “el discurso en la Habana”. Su dictadura sigue siendo la gran
traición a aquellas palabras que cargadas de razones y frescura moral,
constituyeron el mayor acicate para gran parte del pueblo isleño. Ya se sabe
que el veredicto de la Historia será el olvido y no la absolución, final de
dictadores.
Hoy que como guijarro
en el rebalaje de la playa, nos sumergimos en el incesante goteo de la malaya
noticia, un brotecillo verde se agradece con mano limosnera. A las palabras profundas las meces el viento para acudir a sanar, pero
suelen borrarlas los taimados duendes soplando veleidades.
Como hoy el verbo
corre a la velocidad de la luz,
desaparece ante los nuevos acontecimientos con igual rapidez, en un día hemos
perdido casi las huellas de los ecos de las palabras de Obama. Necesitaremos de
muchos exegetas, recopiladores, cazabits, para recuperar el discurso porque el apagón de la buena nueva se produjo el día después.
Los ricos republicanos ayer anunciaron vapuleo en el Congreso a la Reforma Sanitaria
aprobada por Obama, poco duraron sus palabras.
Desde el Sermón de la
Montaña para acá, nuestro bagaje cultural se ha identificado con alocuciones,
alegatos, disertaciones etc. pronunciadas por personas excepcionales que
levantaron nuestra moral, identificaron nuestros ideales, redondeando la razón
humana con la eficacia de las palabras. Nadie puede olvidar el alegato contra
la esclavitud, de William Pitt jr. en el Parlamento Británico, o la defensa que
se hizo Georgi Dimitrov en la Corte de Leipzig frente las acusaciones nazis por
el incendio del Reichstag, excepcional oratoria que elevó el listón de nuestra
especie.
Pero en el día después
cabalgan por las ondas los jinetes apocalípticos marcando el compás de las
distancias, como hizo Hitler en Dusseldorf, en su célebre discurso, “Un
indomable espíritu agresivo”. Nuestra época vive adormecida por la retórica
tóxica, por el desparpajo de los energúmenos, populismo y nada más.
Frente a los de ¡viva
la muerte! Obama nos ha dicho de nuevo
que nos pertenece la esperanza.
Curro Flores
16 de enero de 2011
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