miércoles, 5 de agosto de 2020

OPERACIÓN BOTAFUMEIRO


“Operación botafumeiro”
Los mosquitos están cebándose apurando los últimos días de calor y viven con alegría que aumenten el número de turistas que les aporten sangre nueva, los restos de  las sardinas es lo que le queda a algún gato avispado  entre los cubos de basura y las migas de pan distraen en los chiringuitos a algunos gorriones que birlan a los camareros represores. Se apura el sol entre sombrilla y sombrilla, la sangría se agua con  el restillo de hielo. Se cortan orejas, se cosechan los tempranos goles y los viejos patosos no entramos en las listas de fichajes antes del treinta de agosto. Sigue la resaca en el Mediterráneo, siguen bajando los menús por las crisis.
Muchas noticias han olvidado ya la operación botafumeiro, ese garbeillo peregrino de andar por un sendero complaciente entre Merkel y Rajoy, que incluía grandes asuntos de Estado como colocar a Cañete y  Guindos, cantar las excelencias del austericidio y destacar los lazos afectivos de la maquinista de la locomotora un poco gripada con el fogonero del sur. Los tiraboleiros de todos los medios de comunicación han esparcido el olor de incienso hasta atufarnos.
El año pasado el averiado Margallo nos entretuvo en la canícula con Gibraltar cortando el paso, este año ha aligerado el paso Rajoy porque las europeas lo tienen en vilo, a pesar de su juego estrambótico de negar la mayor, esgrimiendo ser el que tiene los mejores resultados de los suspendidos por los votantes en las europeas.
Unos partidos ya han celebrado sus primarias y Congreso y tienen nuevo líder; otros tratan de reorganizarse, otros de organizarse, pero el gurú de siempre ha recomendado a los populares un chute de vanidad de aquí no ha pasado nada, mientras sabe que la única argucia que le queda al peregrino es amañar las municipales antes de quedarse como un icono románico con cara de Mariano.
Las europeas han sido un aviso para peregrinos de los votantes, y por más que uno ande hacia los santos, ni yendo de vela en el yate de Amancio Ortega, puede  evitar que en las próximas municipales, manteniéndose la actual ley electoral, los populares no sufran un descalabro de los que no te salva ni un flirteo con la teutona Ángela.
Europa la podemos dividir entre la de los  peregrinos y los manifestantes, la creyente y la creíble, pero lo que parece increíble es que en la España de nuestro tiempo, los populares voceen la peregrina idea de consensuar un plan municipal amañado – ¡Qué venga Merkel y lo vea!
Curro Flores.



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