miércoles, 5 de agosto de 2020

PARKING PARA COCHECITOS LERÉS


Parking para cochecitos lerés
Smasa que como sus propias siglas indican es la Sociedad Municipal de Aparcamientos y Servicios malagueños, que no de ex concejales reciclados, y que yo ni me lo podía imaginar, responde a esos acrónimos que van cogiendo popularidad por eso de resumir o presumir; como la RAE, Real Academia de la Lengua, y la SGAE, sociedad de autores y editores, a añadir cobradores.
Si los cuidadores de nuestra lengua se llaman RAE y los creadores SGAE, los SMASA pueden ser cualquier cosa, pero si eres del gremio de concejales lo memorizas  entre los deberes, como la biografía de los patronos Ciriaco y Paula.
Smassa está estos días en el candelero por carera y abusona, los concejales opositores han demandado que los estacionamientos se paguen en función del tiempo de uso, y no por los fraccionamientos rigurosos establecidos, cosa de sentido común con los avances tecnológicos; pero lo que más me ha llamado la atención es la moción socialista por la delgadez de los parkings de la Plaza de la Marina, que impiden el normal estacionamiento de los vehículos, multiplicando los clientes de los talleres de pintura y chapado, siendo el horror de los bolsillos de usuarios y compañías de seguros.
Hace treinta años días arriba o abajo, tuve la responsabilidad de abrir el aparcamiento al público, sin ningún acto, ya que no teníamos la desastrosa costumbre de inaugurarlo todo con corte de cinta y placa.
 Lo que nos se nos  podía  a ocurrir entre las vicisitudes que generó el proyecto, era prever  que los vehículos iban a engordar con el paso de los años. En aquella época los norteamericanos estaban cambiando sus cadillacs, Ford mustangs, etc. por vehículos más ligeros como los Volkswagen y los de producción japonesa. Aquí los años de opulencia han cambiado nuestros balillas, seillas, cuatro a cuatros, erres cincos, por los todos terrenos y los monovolúmenes, cualquiera con una maseta de un bonsay en su salón, se compraba un todo terreno, los de ciudad como decían los campesinos, tenían los todoterrenos sin ningún arañazo de rama de olivo. Los monovolúmenes fardaban en las bodas bautizos y primeras comuniones, más que los trajecitos de las criaturas.
Aunque la crisis ha hecho estragos, de los coches voluminosos cuesta mucho trabajo bajarse, aunque sea para pasear un cartucho de pipas, así somos.
Como para Teresa de Ahumada, Dios estaba en los pucheros; para los ediles la Política está hasta en el tamaño del aparcamiento, así como ocuparse  del dodo ti de los coches de caballo y hasta de hacer de  Hércules Poirot en una comisión de investigación tratando de descubrir la intriga del fallido museo de las gemas.
Pronto, seguramente, el demandado aparcamiento de la Marina,  tendrán cuarenta plazas menos, y los coches gorditos pondrán repantigarse y lucirse, mientras los diminutos cochecitos lerés, seguirán pagando lo mismo, por el mínimo uso de su esquinita. El tamaño si importa.
Curro Flores


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