Parking para cochecitos
lerés
Smasa que como sus
propias siglas indican es la Sociedad Municipal de Aparcamientos y Servicios
malagueños, que no de ex concejales reciclados, y que yo ni me lo podía
imaginar, responde a esos acrónimos que van cogiendo popularidad por eso de
resumir o presumir; como la RAE, Real Academia de la Lengua, y la SGAE,
sociedad de autores y editores, a añadir cobradores.
Si los cuidadores de
nuestra lengua se llaman RAE y los creadores SGAE, los SMASA pueden ser
cualquier cosa, pero si eres del gremio de concejales lo memorizas entre los deberes, como la biografía de los
patronos Ciriaco y Paula.
Smassa está estos días
en el candelero por carera y abusona, los concejales opositores han demandado
que los estacionamientos se paguen en función del tiempo de uso, y no por los
fraccionamientos rigurosos establecidos, cosa de sentido común con los avances
tecnológicos; pero lo que más me ha llamado la atención es la moción socialista
por la delgadez de los parkings de la Plaza de la Marina, que impiden el normal
estacionamiento de los vehículos, multiplicando los clientes de los talleres de
pintura y chapado, siendo el horror de los bolsillos de usuarios y compañías de
seguros.
Hace treinta años días
arriba o abajo, tuve la responsabilidad de abrir el aparcamiento al público,
sin ningún acto, ya que no teníamos la desastrosa costumbre de inaugurarlo todo
con corte de cinta y placa.
Lo que nos se nos podía
a ocurrir entre las vicisitudes que generó el proyecto, era prever que los vehículos iban a engordar con el paso
de los años. En aquella época los norteamericanos estaban cambiando sus
cadillacs, Ford mustangs, etc. por vehículos más ligeros como los Volkswagen y
los de producción japonesa. Aquí los años de opulencia han cambiado nuestros
balillas, seillas, cuatro a cuatros, erres cincos, por los todos terrenos y los
monovolúmenes, cualquiera con una maseta de un bonsay en su salón, se compraba
un todo terreno, los de ciudad como decían los campesinos, tenían los
todoterrenos sin ningún arañazo de rama de olivo. Los monovolúmenes fardaban en
las bodas bautizos y primeras comuniones, más que los trajecitos de las
criaturas.
Aunque la crisis ha
hecho estragos, de los coches voluminosos cuesta mucho trabajo bajarse, aunque
sea para pasear un cartucho de pipas, así somos.
Como para Teresa de
Ahumada, Dios estaba en los pucheros; para los ediles la Política está hasta en
el tamaño del aparcamiento, así como ocuparse
del dodo ti de los coches de caballo y hasta de hacer de Hércules Poirot en una comisión de
investigación tratando de descubrir la intriga del fallido museo de las gemas.
Pronto, seguramente, el
demandado aparcamiento de la Marina,
tendrán cuarenta plazas menos, y los coches gorditos pondrán
repantigarse y lucirse, mientras los diminutos cochecitos lerés, seguirán
pagando lo mismo, por el mínimo uso de su esquinita. El tamaño si importa.
Curro Flores
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