miércoles, 19 de agosto de 2020

LA DEMOCRACIA NO ES DE FIAR


La democracia no es de fiar.
Siempre que se convoca un cónclave para que los cardenales elijan Papa, los más destacados papables, casi ungidos por el beneplácito de sus colegas, ven como sus papeletas de votos se van convirtiendo en humo negro.
La democracia, que es para muchos el menos malo de los sistemas políticos, es para mi uno de los grandes bienes inventados para gobernarnos, no permite confianzas: a los ojos del votante ningún aspirante a ser elegido  debe estar encantado de haberse conocido. Eso sí, los yerros de los sistemas democráticos, sólo se arreglan con más democracia.
Estos días se ha armado oleaje mediático con una encuesta de intención de voto en Andalucía, esa especie de orejas de sioux que sirven para orientarnos de cómo van las cosas, ha permitido sabrosillas lecturas; los que hablaban de voto cautivo de los andaluces, andan pavoneándose como  cautivadores. Al Psoe,  le han dicho los ciudadanos y ciudadanas muestreados que de memoria histórica nada. Para ejemplo las elecciones chilenas, dónde al parecer los amigos de la Concertación contaron en exceso con el recuerdo del pinochetazo, mientras sus ciudadanos pasaban página. Eso es un desventurado aviso para navegantes progresistas, anclados en el pasado.
Hay una sinuosa línea en la democracia que de pasarse, como todo, produce una sensación tan de extrañeza que nos acerca a la duda: Berlusconis, Giles, Hitler etc., fueron elegidos por sus respectivos pueblos, la democracia no está libre de grandes equivocaciones  y de asombrosos juegos de manipulación. También  producen desazón las situaciones de “democratitis aguda” como ésta  recogida en los nuevos Estatutos de la Universidad de Sevilla, por la que se le conceden al estudiante copión que  pillan in fraganti mas derechos que al docente;  al profesor recomienda dejarlo pasar, antes que soportar un quinario ridículamente probatorio, de haber pillado al estudiante con su chuleta o pinganillo haciéndose el listillo.
Pocas veces en mi vida he estado tentado de copiarme en un exámen, solo recuerdo una vez en cierta prueba de reválida, llevar escondido el libro de moral católica entre la ropa, hacía tanto calor que el cura que vigilaba la prueba, nos permitió despojarnos de las chaquetas, como me hice el sordo mientras sudaba, el amable hombre me lo repitió al oído, -¿sabe que se puede quitar la chaqueta?, tuve la suerte del acierto, y le dije, -gracias, pero es que se me acaba de romper la camisa. El profe se alejó entre risas.
La moral católica, es de esos llamados castigos divinos que siempre me han asombrado. Pertenece a nuestro acervo, que no debe ser nuestro destino existencial, y siempre que nuestra democracia  trata de poner notas de razón  a nuestra existencia colectiva, aparece el monseñor Munilla de turno, amparado por el  dogma del misterio, a  apalearnos con sus divinas palabras. La encuesta nos ha puesto más tarea, y no podemos despistarnos en misteriosas elucubraciones. La principal es el paro, la economía sumergida hace más pillos que la economía complaciente.









No hay comentarios:

Publicar un comentario