miércoles, 19 de agosto de 2020

LA DIVERGENTE


La divergente
Es difícil en los tiempos que corren trazar un diagnóstico acertado de para dónde tiene que ir la política, pero todo el mundo tiene claro hasta incluso  los más asentados el hacia dónde no debe ir. Cambiar sus ritos y costumbres viene hacer tan complicado, como aquella propuesta naif de algún Podemos de preguntarle a los sevillanos por el devenir de su Semana Santa. Pero tirios y troyanos, unos  por convicción y otros por necesidad, no tienen más remedio que apuntarse a los signos de los tiempos, que no son otros que los del cambio de mentalidad en la forma de reconducir nuestro espacio de convivencia, ajado por los vicios y transparentado por la crisis.
Los que estaban en el transporte del poder ven con alarma que puede que se les haya reducido el kilométrico, y los nuevos viajeros tratan de imponer el manual de nuevas instrucciones pero tratando de no alarmar a la parroquia.
Así que llevado hacia el orden, a Pablo M. Iglesias, le ha salido rana su compañera de viaje europeo, Teresa Rodríguez, “entrista”  hasta dónde mandan los cánones de los trotskistas, pero tan divergente que no cuela por los juegos miméticos de adaptarse al ambiente. Por lo tanto entre asambleas, ucases y votos por ordenata, Pablo busca desesperadamente un trampantojo que cubra las exigencias del guión sureño, y no lo exponga a una batalla permanente entre la consigna  posibilista y la insurgencia natural de Teresa.
Los de Ciudadans están de moda por el arte de birlibirloque, Albert le ha robado la cartera a Rosa Díez que ahora la describen como la matriarca de una secta sus más tiernos opositores de filas. Pero como de lo que se trata es de encontrar el centro, y en ese empeño sobre la fugacidad y amplitud del voto centrista andan todos empeñados, como el profesor Otto Lidenbrok que de la imaginación de Julio Verne, viajó desde Reikiavic al centro de la Tierra. De ese viaje al centro se descubre que hay que ir ligero de equipaje y a Rivera le pesan las alforjas o se le vencen los serones a la derechas.
Génova trece vive sin vivir en sí, ya no necesitan a Aznar haciendo mohines, ni los exabruptos de Espe, el mantra de don Mariano está más quemado que sus puros, y las navajas traperas van socavando su incenciario más próximo. Juanma fue un fiasco como era de esperar, pero la turba necesita cobrarse la gran pieza que le permita viajar y disputar el centro a la española, es decir a boleones a izquierda y derechas.
Pedro espera reedificar su iglesia en el centro más centrífugo, mientras Susana se guarda  para que no le rasguen la investidura premamá.
Curro Flores



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