La Feria del Centro
Estamos viviendo
tiempos de crisis y por ende de recuperación del espíritu, a tal punto que
varios gestos evangélicos del papa Francisco, están sacudiendo el reuma de la
Iglesia Católica. Ni que decir, del anquilosamiento político y de las
barbaridades económicas, que por acá y por allá están encontrando ecos de
protestas, de cambios y de nuevas representaciones, pero también de vuelta a
las raíces.
Después de muchos años
en los finales de los dos mil volví a la Feria del Centro, aquella que
empezamos a organizar muchos malagueños en los principios de los ochenta, entre
los que me gusta recordar a Modesto Espejo, ex presidente del Centro Comercial
y al comodín del entusiasmo Carlos Gutiérrez. La feria que me encontré a la
vuelta era una pea ruidosa, entre caireles disonantes, sombrajos y chanclas de
ala ancha. Saludé a los permanentes del lugar e hice un mutis por el fórum.
Cada año me pilla de
espectador de una tertulia local, o me ocupa
lectura, las batallas, contradicciones y quejas sobre la organización de
la Feria del Centro. Como tuve el honor circunstancial de iniciarla, participar
en su ordenación y coordinarla, sin entrarme la nostálgica, simplemente me
pongo a evocar las interminables horas de generosidad que se derrocharon, para
que esta singularidad festiva se apreciara por todo el mundo. Recuerdo que un
día nos atendían en las oficinas del BBVA con una copa a una delegación sueca,
cuándo por Casa Mira aparecía Bush padre, entre bailaoras, enganches y pandas
de verdiales.
Solo gozamos de una
antipatía el primer año, en el que cerraron algunos bares sus dueños
mosqueados, porque las tiendas del centro, y los vecinos repartían bebida y
condumio con complacencia y hospitalidad. Al poco, fue tan grande el negocio y
la demanda que todo el mundo quería poner el huevo en el cogollo.
No sé si han sido los
años de dudas, los malos signos de los tiempos del botellón, las chifladuras
políticas por fastidiar el éxito del otro y algunas cosas más. Lo que si tengo
por cierto, es que entre tanto run run que veo y oigo, noto la falta de calidad
festiva, estética y aquel espíritu inigualable de los pioneros.
La Feria del Centro
trajo a la capital el cuarenta por ciento de visitantes foráneos llamados por
la gracia del evento; y ahora más, tiene Málaga la oportunidad con más
presencia turística, de cuidar, remozar creativamente y singularizar el acontecimiento,
sin entrar en nuestra castiza forma de darnos botellazos entre miles de copas y
copas.
Curro Flores
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