miércoles, 19 de agosto de 2020

LA FERIA DEL CENTRO


La Feria del Centro
Estamos viviendo tiempos de crisis y por ende de recuperación del espíritu, a tal punto que varios gestos evangélicos del papa Francisco, están sacudiendo el reuma de la Iglesia Católica. Ni que decir, del anquilosamiento político y de las barbaridades económicas, que por acá y por allá están encontrando ecos de protestas, de cambios y de nuevas representaciones, pero también de vuelta a las raíces.
Después de muchos años en los finales de los dos mil volví a la Feria del Centro, aquella que empezamos a organizar muchos malagueños en los principios de los ochenta, entre los que me gusta recordar a Modesto Espejo, ex presidente del Centro Comercial y al comodín del entusiasmo Carlos Gutiérrez. La feria que me encontré a la vuelta era una pea ruidosa, entre caireles disonantes, sombrajos y chanclas de ala ancha. Saludé a los permanentes del lugar e hice un mutis por el fórum.
Cada año me pilla de espectador de una tertulia local, o me ocupa  lectura, las batallas, contradicciones y quejas sobre la organización de la Feria del Centro. Como tuve el honor circunstancial de iniciarla, participar en su ordenación y coordinarla, sin entrarme la nostálgica, simplemente me pongo a evocar las interminables horas de generosidad que se derrocharon, para que esta singularidad festiva se apreciara por todo el mundo. Recuerdo que un día nos atendían en las oficinas del BBVA con una copa a una delegación sueca, cuándo por Casa Mira aparecía Bush padre, entre bailaoras, enganches y pandas de verdiales.
Solo gozamos de una antipatía el primer año, en el que cerraron algunos bares sus dueños mosqueados, porque las tiendas del centro, y los vecinos repartían bebida y condumio con complacencia y hospitalidad. Al poco, fue tan grande el negocio y la demanda que todo el mundo quería poner el huevo en el cogollo.
No sé si han sido los años de dudas, los malos signos de los tiempos del botellón, las chifladuras políticas por fastidiar el éxito del otro y algunas cosas más. Lo que si tengo por cierto, es que entre tanto run run que veo y oigo, noto la falta de calidad festiva, estética y aquel espíritu inigualable de los pioneros.
La Feria del Centro trajo a la capital el cuarenta por ciento de visitantes foráneos llamados por la gracia del evento; y ahora más, tiene Málaga la oportunidad con más presencia turística, de cuidar, remozar creativamente y singularizar el acontecimiento, sin entrar en nuestra castiza forma de darnos botellazos entre miles de copas y copas.
Curro Flores


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