miércoles, 19 de agosto de 2020

LA FIESTA DEL VINO CON BOHIGAS


La Fiesta del Vino con Bohigas
Me llevaron, José Luis, Carmen, y Joan Francesc, a la Festa del Vi de Igualada, un paseíto en coche de menos de 15 minutos, desde Vilanova del Cami, aposento familiar de todos los que se fueron  huyendo de la extenuante y mal pagada tarea en la campiña de Aguilar de la Frontera. Entre chamizos de tela callejeros estaban llamando la atención las presumidas botellas de cava de diseño, chacinas y quesos catalanes, se agrupaba el público y brindaba, aprobando o denegando con el gesto el sorbito de espumoso fresco.
Hasta los míos, todos hablaban en catalán, ellos, que  como lengua materna tenían un cantor deje andaluz cordobés, me resultaba simpático, que me mantuvieran in alvis, como si pidieran, tiempo, cada varios minutos para precisar en catala, curiosidades de la vida. Pero como estamos brindando con un Brut Gran Reserva de Bohigas, y en familia, los sabores rendía el paladar, y a pedir de bocas, que pedían y mucho.
El recuerdo, me llevaba, cincuenta años atrás, cuando de chavales y sin más medidas de seguridad, de que se les escape un perdigonazo a los cazadores, con José Luis y sus dos hermanos jaleábamos entre viñas y olivares, para que las perdices y los alcaravanes, tomaran el vuelo y se pusieran a tiro del Maestro y el Cachomulo, merecido mote del dueño de la cortijá. Casi ninguna perdiz y más de un saco de alcaravanes, dejaron de gritar -alcarril.
A la vuelta, Antonio, el primo cocinero, preparó una  gran cazuela de arroz con conejo, en homenaje a la tía Carmen, reina de los guisos de las casillas cortijeras. El primoroso chef deleitó a toda la familia con su arroz, para el que se abrió, unas botellas de tinto, un Cabernet sauvignon-garnatxa negra, procedencia Fermí Bohigas.
Felicitaciones a Antonio por su hazaña culinaria, pero él prefería  hablar del vino, que con un rojo  brillante y vigoroso, nos daba un aroma de despensa, dónde las canastillas de la fruta del bosque, las cerezas y las picotas, mandan más que el tocino añejo, el aceite atrojado o el queso encallado; hubo un cruce de sabores a clavo del vino y la cazuela. Nos explicó con sabiduría las proporciones de las uvas, los procesos cuidados de elaboración, que cada cual atendió a su forma. Mientras la carnosidad fresca del Bohigas, nos marcaba el aliento.
Prometió llevarme mañana de excursión a las Caves Bohigas en Anoia, con ochocientos años de vida, de interés histórico artístico por acuerdo de la comunidad catalana, que junto a la legendaria masía, se construyó a  principios de siglo pasado una capilla a la Virgen de la Merced con frescos de Josp Pey.
Ya en la visita a las Caves, me suscitó todo tipo curiosidades y admiraciones, no pude dejar de emocionarme, cuando vi a unos clientes en la tarea de pisar uva, evoqué a mi chache Pepe, que inició la peregrinación familiar a Vilanova, después de pasar muchas noches pisando uva, junto a las actuales bodegas Toro Albalá, a las que le llevaba el mollete de pringa para la cena.
Curro Flores

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