jueves, 13 de agosto de 2020

LA URNA DE LA JUDICATURA


La urna de la judicatura
A la democracia siempre le quedarán tareas pendientes. Los que nos afinamos con la Constitución de 1978, españolitos diversos, a algunos, muchas veces se nos queda corto el instrumento, y   los rezagados en su asunción,  nos dan la serenata con su virtuosismo de Assimil, cosas de la vida.
Para allá o para acá, conforme avanza el tiempo, con mi respeto a los ponentes del Pacto Constitucional, conocedor como debo ser de sus dificultades y miedos. Trinco por la solapa al título sexto sobre la justicia, y le doy las andanadas necesarias por su insuficiencia.
Un viejo de aquellos que se les negó pan y aula, ante mi desenvoltura justiciera, me corregía para evitarme frustraciones con la frase –“todavía no tenemos mano en la fábrica de puñetas”.
La justicia emana del pueblo, e imanta su balanza un corporativismo desproporcionado. Así que cada vez que nos encontramos con el delito y el presunto delincuente, nos encontramos en demasía con el cuerpo del delito, y fiscales, instructores, ponentes, proponentes y materias de juzgado, que entretienen la cosa juzgada entre paseos, pasaporteo a la trena, despasa porteos a la nieve y la copla, hasta que la sentencia se hizo carne y se recurre al infinito.
La Transición, que no es ninguna cofradía de Semana Santa. Resulta tan cansina para  el joven como las batallitas del abuelo Cebolleta. Pero por periodos ha ido fijando en nuestra memoria su propio vía crucis; primero las siglas de un follón de partidos desaparecidos que iban desde los maoístas de pro, anticipo de los chinos de barrio, hasta los franquistas de por vida, eterno imperialismo de cornetín y cornada; luego nos trajo la escalilla militar para asustarnos con mandobles de Estado. Por redadas y putadas asesinas, nos fertilizaron con los formantes de los organigramas de ETA. Bailamos con las canciones de verano. Pero fuimos cogiendo nuestra frescura natural con los giles, condes, albertos, de las rosas y roldanes.
Conforme el inestimable Jauja desapareció, la corrupción en  que la algunos nos enfangaba ha salido a la luz, y vivimos en un periodo de juzgar a “compatriotas abusones”. Mesnadas Duque, Correa,  Gil,  EREjes,  Bárcenas,  Pujol,  Díaz Ferrán, Mata, Bankia, Ruiz Mateo y así hasta llenar la piel de toros de banderillas de desfachatez para sangría de nuestro crédito y moral colectiva.
Pero para nuestra sorpresa, cada proceso iniciado, ha llevado aparejado largas cuitas de secuencias judiciales ¿quién es el competente Bermúdez o Ruz?  Cefaleas de Alaya, expulsión del cuerpo de Garzón y…Nos estrenabamos con las mariscales de Gantes, los cardenales, los condes Pompidou, y los votos particulares de Bacigalupo. Para que hoy la Audiencia Nacional y periferias nos mantengan estremecidos.
Conforme avanza o se paraliza cada proceso, los odres del cuerpo de las puñetas ilustrísimas, denotan la falta de ventilación que tienen las salas judiciales, y me dice que es tiempo que el título sexto de nuestra Constitución está necesitado de la urna del pueblo, para que lo que emane de nosotros los ciudadanos se congracie o no con nuestro modo colectivo de fabricar puñetas.
C.Flores



                                

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