La última partida de
Rajoy
De Rajoy siempre se
puede esperar nada, por eso de que lo nombró Aznar como la herencia mal dada
¿venganza? Aunque el gesto lo ensimisme para decir –que no le temblará el pulso
para tomar las decisiones que más convengan a los españoles; sus ex votantes,
sus negantes y todos los que coros celestiales que viven en el infierno
español, saben que nos lidera un hombre
sin impulso. Como se dice por estos pagos, un aguacuajá.
Sería muy reiterativo
recordar su campaña, sus promesas, sería cruel repetir sus acciones de
gobierno, sus incumplimientos. Pero parece que llevado por el ánimo que da el
poder para no dejarlo, se niega a la vista de las circunstancias, a decidir
sobre el cambio en la única partida que desea el pueblo. Su partida y sin
recortes, casi podemos asumir con gusto los excesos de su mudanza.
La democracia en España
vive secuestrada en incómodos plazos, porque la sangría del desempleo no augura
más que más desempleo, y nuestros votos
han sido tomados por el pito un sereno. Cabalgamos entre la miseria y la
opulencia, entre los malos ejemplos de la humilde picaresca y la ostentosa
nómina de corrupciones en torno al poder.
Ni abaratar los
despidos, ni la subida del IRPF, ni el medicamentazo, ni ni.., tanto nini, han
demostrado otra cosa, que la que ya se sabía.
El cordón umbilical político con Merkel, no era otra cosa que un dogal
al servicio de la derecha europea, que como guardián del euro, no ha elegido
otra tarabitas, que la de denostarnos e imponerse sobre las democracias del
sur.
Desde hace tiempo me
uno a los que piden acuerdo nacional sobre una política de empleo que rompa la
situación de degradación social que se está creando con más de 6.000.000 de
parados; hacer un frente común en nuestra política europea; tomar medidas ejemplares
contra la corrupción; resolver o amainar las tendencias centrífugas y
centrípetas de los españoles, y todo lo que como se decía antes nuestro leal
saber y entender comprenda de obligado cumplimiento.
Un gobernante puede
llegar al poder, por los defectos de los contrarios, por el atractivo y
confianza que de su programa, por la capacidad que se le suponga para
enfrentarse a la realidad preocupante que conlleva la crisis económica. Pero
una vez en el poder, el gobernante debe actuar
en razón a su compromiso, y caso contrario, sus explicaciones y acciones de
gobierno le corresponde justificarlas y no ser una salmodia de parches, a veces
dictados por la distante intelligenzia europea, guardianes de criterios
económicos ideologizados que se desmoronan por los errores de un programa
excell.
No está el tiempo para
los roucos, ni para werterías, ni más supercherías. Estamos en un tiempo de SOS
nacional por el empleo, por mejorar nuestra economía. Caso contrario ya es el
tiempo democrático exigido, para que Rajoy rellene su última partida.
Curro Flores
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