domingo, 16 de agosto de 2020

LA ÚLTIMA PARTIDA DE RAJOY


La última partida de Rajoy
De Rajoy siempre se puede esperar nada, por eso de que lo nombró Aznar como la herencia mal dada ¿venganza? Aunque el gesto lo ensimisme para decir –que no le temblará el pulso para tomar las decisiones que más convengan a los españoles; sus ex votantes, sus negantes y todos los que coros celestiales que viven en el infierno español, saben que nos lidera un hombre  sin impulso. Como se dice por estos pagos, un aguacuajá.
Sería muy reiterativo recordar su campaña, sus promesas, sería cruel repetir sus acciones de gobierno, sus incumplimientos. Pero parece que llevado por el ánimo que da el poder para no dejarlo, se niega a la vista de las circunstancias, a decidir sobre el cambio en la única partida que desea el pueblo. Su partida y sin recortes, casi podemos asumir con gusto los excesos de su mudanza.
La democracia en España vive secuestrada en incómodos plazos, porque la sangría del desempleo no augura más que más desempleo, y  nuestros votos han sido tomados por el pito un sereno. Cabalgamos entre la miseria y la opulencia, entre los malos ejemplos de la humilde picaresca y la ostentosa nómina de corrupciones en torno al poder.
Ni abaratar los despidos, ni la subida del IRPF, ni el medicamentazo, ni ni.., tanto nini, han demostrado otra cosa, que la que ya se sabía.  El cordón umbilical político con Merkel, no era otra cosa que un dogal al servicio de la derecha europea, que como guardián del euro, no ha elegido otra tarabitas, que la de denostarnos e imponerse sobre las democracias del sur.
Desde hace tiempo me uno a los que piden acuerdo nacional sobre una política de empleo que rompa la situación de degradación social que se está creando con más de 6.000.000 de parados; hacer un frente común en nuestra política europea; tomar medidas ejemplares contra la corrupción; resolver o amainar las tendencias centrífugas y centrípetas de los españoles, y todo lo que como se decía antes nuestro leal saber y entender comprenda de obligado cumplimiento.
Un gobernante puede llegar al poder, por los defectos de los contrarios, por el atractivo y confianza que de su programa, por la capacidad que se le suponga para enfrentarse a la realidad preocupante que conlleva la crisis económica. Pero una vez en el poder, el gobernante  debe actuar en razón a su compromiso, y caso contrario, sus explicaciones y acciones de gobierno le corresponde justificarlas y no ser una salmodia de parches, a veces dictados por la distante intelligenzia europea, guardianes de criterios económicos ideologizados que se desmoronan por los errores de un programa excell.
No está el tiempo para los roucos, ni para werterías, ni más supercherías. Estamos en un tiempo de SOS nacional por el empleo, por mejorar nuestra economía. Caso contrario ya es el tiempo democrático exigido, para que Rajoy rellene su última partida.
Curro Flores



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