Los sueldos de alcaldes
y concejales, tema eterno
Aunque todo está
reglado por los legisladores, y como las cosas no son de otra manera, uno de
los primeros actos de pleno de las corporaciones locales es la fijación de las
asignaciones de alcaldes y concejales en función de la exigencia de dedicación
que sus actividades les demande.
Como es normal el tema
que a veces es un acto repetitivo y conocido por los medios de comunicación,
cada vez que se produce adquiere el carácter de gran notición local, al menos.
He vivido en primera
persona como desde el inicio de la democracia local en el 79, se fijaban las
retribuciones de los ediles, llamándome siempre la atención lo que pudiéramos
entender la amplitud de las normas, que
se prestaban desde un escrupuloso comportamiento ético a la baja o a lo más
razonable, a ciertas laxitudes y
excesos, en especial en esos periodos de las llamadas vacas gordas.
Salvos reconocidos
abusos y descaros, más las siempre singularidades de Madrid y Barcelona, que
provocan por su población una falta de sintonía en el esquema municipal de
España, no pertenecen los salarios locales al reglado abuso salarial de los
parlamentarios europeos, que guiados por los más suculentos emolumentos de los
parlamentarios italianos fijaron a la alta el precio del escaño del cementerio
de elefantes de Bruselas y Estrasburgo.
Después de 16 años de
gobierno en mi ciudad de Málaga con Pedro Aparicio, quién fuera el primer
presidente de la Federación de Municipios. Nuestros sucesores ilustres
parlamentarios de los tres partidos en liza PP, PSOE e IU, que habían librado
la batalla por Málaga, corrigieron sin rubor los salarios de la corporación a
la alza, por parecerles muy raquíticos nuestros estipendios.
Vivimos unos momentos
de cambio provocados por la crisis, y más que adobados por los abusos cometidos
por algunos ediles que han utilizado el bastón de mando como la el saco del
caco. Esta realidad ha cristalizado en la opinión pública un genérico de que la
codicia es el único elemento que prevalece en nuestros representantes públicos.
Esto ha dado como
resultado unos nuevos modelos de popularización de nuevos electos locales que
pretende alumbrar más los comportamientos éticos que la avidez de ganancias que
presumían los ciudadanos de los alcaldes y concejales, buscando señalar la
ejemplaridad de los nuevos tiempos en sus retribuciones a la baja.
Sin perjuicio que me
pueda gustar más la tacañería a la hora de pagar y que predicar con el ejemplo,
me parece el menos malo de los ejemplos. El dogal de las retribuciones,
desde el de Gandhi a Mujíca, lo debe
establecer el Parlamento, como así se tiene concretado y que las próximas
elecciones pueden que den como resultado un arco parlamentario, que con la
diversidad de las pasadas elecciones locales reflexione sobre los salarios más justos en los ayuntamientos.
No me gusta, por
experiencia, la palabrería en las retribuciones de los electos, prefiero la
justicia en licitud de sus comportamientos, en la eficacia en su gestión, en la
proyección de la democracia en todos los ciudadanos y que sepan liderar sus
proyectos de ciudad en la mayoría.
Curro Flores
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