Mientras mueren los
sirios
Como si estuviéramos
poseídos por una tortuosa infección, en cada rincón de todas las geografías se
arma el cirio, en breves o largos seriales de escozor que consume nuestra
agenda. En su tiempo los navegantes fenicios llegaron a nuestra costas, nos
fundaron o nos refundaron, Cádiz y
Málaga, ahora el nuevo sirio huye con pavor de su guerra y trata de buscar
refugio allá dónde los dejen entre fronteras ladinas, aquellos lugares en las que sus antepasados marinos sentaron
sus redaños. Turquía nos quiere padecerlos, Bulgaria la puerta más frágil de
Europa los sufre, preocupada y silente para no levantar xenofobias entre los
partidarios de Ataka, ni que decir del resto de las naciones que ve venir la
oleada y se parapetan con miedo. A Melilla han llegado cuatro para
pedirnos asilo, en Marbella tuvimos
instalada la corte de Al Kassar, hasta que nos lo reclamó Condoleezza para enchironarlo por los temas
pendientes en EEUU, y la del tío del criminal Bashar al-Asad en el exilio
dorado. Es decir, que costumbre tenemos de anfitriones, aunque éstos renovados
antepasados nuestros en zozobra no nos
llegan con los botines de los traficantes de armas.
Desde que el neolítico
nos deparó la invención de la cerca, hasta nuestros días, en la que el
presidente, don Mariano, guarda la excedencia de registrador de la propiedad;
el mundo se contaminó de murallas, tapias y puestos fronterizos, mapas y
escrituras que hacen conjuras de patriotismo y propiedad para espantar los malos
augurios que pueda deparar la supervivencia. Pero no existe Muralla China capaz
de parar las agallas del hambre y la estampida del miedo en los humanos, y la
Tierra es cada día más aeroplana que redonda para las migraciones que
conmueven.
Mientras los sirios mueren,
la vicepresidenta del gobierno demuestra
lo reaccionaria que es, el tea party
apura su acritud apocalíptica, los egipcios no tiene tiempo de levantar
pirámides y se entierran a puñados, Berlusconi busca primeras páginas como
servidor comunitario para conmutar su condena, Merkel trata de pactar un
gobierno a su desmedida…Al gran Wyoming el gobierno trata de que le den una
patada en la Sexta y echarlo del plató. El sirio muerto no tiene tiempo de
preocuparse con estas minucias que tantos nos ocupan, pero los vivos le seguimos
poniendo cinco balas de más a la ruleta rusa.
Mientras los sirios
mueren, Iniesta pone a Albacete en Georgia, la patria chica de Stalin; Alaya se
enfurruña con los fiscales en un “báñez” de corporativismo; Inmaculada Díaz se
sacude las eremoscas y pasa la cuarentena de los cien días a la velocidad del
rayo que no cesa.
Mientras el niño sirio
se oculta de las balas, nos descubren que Bale es un madelman estropeado y que
los nietos del Rey leen los libros Harry Potter y cargaban su compra en las cuentas del Gran
Capitán. Y mientras otros sirios tratan de pasar la frontera, ni me pregunto en
qué piensan y de qué hablan los ministros del gobierno, porque lamentablemente
se conocen pos sus hechos, y Bárcenas les conspira entre rejas.
Curro Flores
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