Náufragos entre los
legalistas y los ilegales
Varias personas mayores
me han dicho que sentían miedo, ese miedo que experimentaron cuando los políticos
se apoderaron de la sin razón. Entre tantos argumentos que han ido imponiéndose en el día
a día, sobre el triste acontecer catalán, tejidos por los malandrines, se ha compuesto el recitativo más funesto y
empalagoso sobre la legalidad y a las bravas; pero la oscura y leve palabra
miedo pronunciada por el coro de los
años dolidos ha tomado, toda la legitimidad, para imponerse como fuente de la
supervivencia y convivencia necesaria.
Desconocemos a Rajoy y
Puigdemont, o más bien no nos gustaría
conocerlos. Uno parece contratado por una compañía de seguridad para
celar por el cercado, otro parece un siniestro diablillo al que le gusta
saltarse la cerca a la torera. Pero legalista e ilegal, se comprimen en su
papel, frustrando a la razón y animando a sus parroquias, alejándose del
espíritu que se labró con nuestra Constitución, que es más de diálogo que de
letra impuesta, a pesar de los leguleyos.
Dicen que ya es tarde,
pero apelo al refrán –“nunca es tarde si la dicha es buena”, el Congreso ha
aprobado una comisión de diálogo, y
es esa mesa la que debe vitalizarse, para acabar con la rutina de votar a la
ligera, o te mando los niños a la calle, o la extenuante batalla de la búsqueda
de la urna perdida, o te mando el cañón
de agua.
Mucho he leído estos
días sobre la falta de calidad, y altura de miras de las nuevas castas
políticas, incapaces de superarse ante las circunstancias adversas, por el
espeso dogal del arribismo y la burocracia, que ha superado con creces el
sentido último de los que se quieren ocupar de lo público.
La crisis económica ha
tapado muchas huellas del difícil camino que se corrió para romper con la dictadura,
y darnos un modelo de convivencia democrática, ahora los nuevos sátrapas graduaditos de
guerrilleros McDonald, quieren infundir a las nuevas generaciones que la
Constitución venían en el kit del testamento de Franco ¡vaya desvergüenza!
La Constitución ha
costado sangre, sudor y lágrimas a los españoles, cambiar parte de su
articulado, adecuándolo a los signos de los tiempos, también costará, pero
entre los padres de la actual Carta Magna, había dos excelentes catalanes, Solé
Tura y Roca, me imagino supieron darle sentido y largueza a su visión del
estado de las autonomías, y me parece más que funesto, que Puigdemont para
exigir su cambio haya transgredido hasta sus potestades como presidente y
máxima autoridad de Cataluña.
Legalistas e ilegales
nos llevan al naufragio, y ha hecho aparecer la palabra miedo ligada a la
política, mientras “todo pasa, y todo queda”, como nos enseñó a evocar Joan
Manuel Serrat, tenemos que reiniciar una profunda charla entre todos para
mejorar al “hacer camino el andar”.
Curro Flores
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario