“NADA ES POR AZAR”
Doña Esperanza Oña
“saca pecho” en su blog con esta frase, ella, alcaldesa condenada por cinco
veces por negarle a la oposición informaciones claves que le atañían al
gobierno de Font Jirola (actual Fuengirola). A la señora tan atenta para otras
cosas, no le molesta atentar contra los derechos fundamentales y negarle el pan
y la sal a la oposición socialista. Una de aquellas informaciones, ya añejas, que
se pidieron toma ahora la vía judicial, con imputaciones que le afectan a
personas de confianza bajo su gobierno. (Ojo al caso de la facturas pagadas de más por el viaje a Melilla; se informará.)
Atenta doña Esperanza
sí está para viajar rodeada de cámaras fieles de la televisión municipal, lo de
menos es que ésto salga del bolsillo de los ciudadanos de la Villa Blanca, lo
de más es que ella estará siempre presente y en posición de gol para que los
televisores repitan hasta la extenuación las mejores jugadas: Nuestra Espe
super super en los mitines del Pp, rodeada de toda la enjundia. Nuestra Espe en
el Parlamento Andaluz repartiendo estopa a los socialistas. Nuestra Espe
pidiendo información a los sociatas andaluces, y eso es pedir, y no lo que
hacen sus opositores ¡Tremenda, tremenda! Nada es por azar, está claro, menos
cuando nos aprovechamos de las mayorías absolutas, para trampear en desfavor de
la democracia, modelo Berlusconi, “fascismo de Armani”, lo llama Saramago.
Nuestra Espe, qué no la
de Madrid ha prohibido por decreto en la feria de Fuengirola la música no española, insiste con: “Pasodoble te
quiero”, “Esperanza”, “Macarena”, “Viva España”, “Opa, opa”, “Bulería, bulería”, y su mijita de rap localero en un
interminable arrebato de faralae. Imagino el susurro en las conversaciones por
sus calles, en inglés, alemán, francés, rumano, ruso, búlgaro, finés, marroquí
y algún “cucha” en cordobés; y los ediles del Pp del lugar “prohíben el cante”,
como en las antiguas tabernas, aquel cante que no tenga el vernáculo origen de
esas formas de nuestro trasnochado y rancio casticismo. En definitiva, un poquito
de ese “nacional catolicismo de Loewe”.
Decía la vieja copla de
“Esperanza”: “…de nada vale la vida que vivimos”. Así que la esperanza en
Fuengirola es para desesperar. Ella no informa, vive instalada en su plató
idílico y practica la hospitalidad de su feria otoñal con una lamentable prohibición
para que no nos vengan con gaitas, que para “cante” el nuestro.
El viejo nómada, que le
puso el nombre de la estrella que le guiaba en el desierto, al Castillo fuengirolés de Sohail, ha devenido en
estrellarse: nada es por azar, hay demasiada contaminación.
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