Sacarse de la gorra
Como el chino de mi
barrio está hasta los topes, constituye por estos días la envidia de las
tiendas de chacinas, el peluquero y la confitería dormida. A la cola de su caja se ha trasladado el patio de la
verbena local. Como en cualquier festejo de andar por casa, pulula el chiste,
la noticia y hasta las tallas íntimas
del vecindario sin decoro y probador.
Al principio, por
respeto debido, me comportaba en los chinos, entre incrédulo consumista
buscador de gangas y sorpresas: como mudo feligrés o un turista que usa los
infinitivos en su pregunta para obtener del dependiente o dependienta la
respuesta adecuada y no llamar mucho la atención.
Amén de la triada que
me acongoja más que Fu Manchú por más
que perchelero, mis vecinos de Shangai ya hablan un malagueño nítido y sin
complejos y que tratan con su amabilidad de quitarme la jindama dándome
jarilla, me causan un respeto imponente, como el Piyayo al poeta –venir desde
tan lejos para venderme una sartén.
Cuando estoy en el
mostrador, me veo como la economía mundial ante la ventanilla de la última
instancia en la crisis financiera o como la secretaria de estado Clinton, -acomplejadilla-,
cuando tiene que negociar con las autoridades chinas, poseedores de un billón
de la deuda soberana estadounidense. Tan sorprendidos como Cándido y Toxo en la
huelga general, que se encontraron con el eficaz cierre patronal de los chinos,
como dato menos incuestionable de la jornada.
Ahora que ya no usamos
chistera, ni los chinos coleta, un paisano tocado a la inglesa y desparpajo, se
sacó de la gorra a cuadros, mientras esperábamos en la cola del Bazar Chun,
como si del mismo Chiquito de la Calzá se tratara, una caterva de chistes, con
su inquina política, dedicados como es obvio a ZP. Los mismos que se aplicaron a Suarez, González, Calvo
Sotelo y Aznar, todo de un ingenio ajado, y que para mi sorpresa nada más que
sacaba la sonrisa de la dependienta (la que cobra).
Como el hombre era del
sur, dónde la chispa hace patriotismo frente a las fatigas de la vida, y
andamos sobre estimulados a la hora de mostrarnos graciosos. Eché de menos en el
necesario campus Andalucian Tech del chiste que reactualice a nuestros jaimitos,
quevedos, bizcopardales, bartolos y que proyecten nuevas líneas de
investigación, adecuadas a los signos de los tiempos, las nuevas realidades multiculturales
y la globachistación.
Sabemos al día de hoy
que Zapatero no ha cambiado su decisión de agotar la legislatura, y que seguirá
tomando las medidas estructurales necesarias para salir fortalecidos de la
crisis, incluso podía recitar el mantra del rechinar y crujir de dientes que
nos espera para embarcarnos en la esperanza. De su futuro, del día después, si
es noticia, para mi ha dejado de ser una cuestión de estado, si se retira,
siempre me mostraré agradecido y solidario, si decide presentarse de nuevo, me
encuentro en la misma posición de firme y dispuesto.
Pero en el otro lado de
la balanza se mantiene emboscado el silencio de Rajoy, que ni el perfume de las
encuestas favorables a los populares, consigue mejorar la confianza de los
ciudadanos a su persona. Se ha encasquillado tanto en una hoja de ruta, la
destrucción de Zapatero, que vive desmaquillado por las sombras de alternativas
de gobierno desconocidas.
Votar al misterio, es
tan inexplicable como enterarse de las virtudes que le encontró Aznar para
nombrarle heredero. Por eso es mejor hablar del
bazar chino, de chistes y chismes, antes de que la caspa nos crezca de
nuevo en la gorrilla.
Curro Flores
28 de diciembre de 2010
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