La rosa a contemplar
Los que creen en la
desigualdad, solamente utilizan las reglas de tres de la simpleza igualitaria,
cuando quieren atacar la cohesión social. Por eso, Cifuentes, ni necesita pedir
disculpas a los andaluces, ni tan siquiera decir que se la mal interpretó, ella
cree en lo que cree y los demás que se fastidien; y salvo cuando la naturaleza del guión
político le exija mesura y ocultación,
no se alejan sus palabras de sus pensamiento general de la derecha que
representa. Por eso, los andaluces no nos debemos sentir concernidos por su
ataque, salvo en lo que pretende ver en Andalucía como el pozo sin fondo de la
vagancia, y por lo tanto, el depósito dónde se le esquilman sus presupuestos
sanitarios.
Esas formas, la más
centrífuga del nacionalismo castizo madrileño, están llamadas a ser más cuidadas
en los tiempos que corren, dónde los otros nacionalismos buscan todos los
argumentos para romper la unidad de España; y que por mor de la forma andaluza
de no poner mala cara al mal tiempo, y el salero congénito, nos han dado una
fama de alegres con la que se nos quiere estigmatizar como poco laboriosos.
Si son tan incultos
para no saberlo, y a fuer de pecar de lo mismo, solo tienen que pasearse por el
reino de la pereza humana, como IBM llamaba al invento del ordenador, para
entre los buscadores pasearse por los valores nuestra Comunidad, los talentos
aportados, sus datos históricos de crecimiento, desde que salimos de la
dictadura franquista, y sobretodo imagino que tendrán unos vecinos emigrados desde
nuestra tierra, que en nada han desmerecido al común de sus convecinos.
Al oír a Cifuentes y
otros personajes que tratan de desacreditarnos, desde sus atalayas
nacionaleras, entre innumerables ejemplos, me viene al recuerdo, ese pintor
malagueño, primero hijo de emigrante económico, después exiliado político,
Pablo Ruiz Picasso, creador estajanovista, qué laboró tanto que ahora cada cual tiene su gran cacho de museo por el que vanagloriarse.
Quizás mucho no sepan
lo que eran “las casillas”, de los grandes cortijos, dónde mal vivían hacinados
y trabajaban a destajo las familias que cuidaban parte de las tierras de una
“cortijá”, desde ellas muchos cogieron su “petate” y se fueron a crear más
España, en Cataluña, en el País Vasco y en los “madriles”. Gracia tiene la
historia que un niño que se fuera con su familia desde una “casilla”, cómo
Montilla, logrará ser el presidente de los catalanes.
Entre bulerías y
alegrías, de la Junta de Andalucía, he leído un anuncio a toda página, en el
que se apuesta por el futuro pero cuidando el pasado, pone el acento en la
solidaridad, en las personas, su salud y educación, la foto es de dos niños que
ríen, quizás nuestra futura campañas de marketing deben ponerles a los niños
caras de avinagrados, para que resulten creíbles braceros del futuro.
Como la Junta de
Andalucía la gobiernan los socialistas, y estamos en tiempo en que tratamos de
salvarnos de nuestro propio tsunami interior, debemos poner el mayor empeño en
mejorar lo que hacemos, tarea de gigantas,
aprender a medir nuestras huestes, a hacer patrones, para que los
costurones se pueda hilvanar, sin convertirnos en un puzle demoniaco, en el que
nada más nos quede contemplar la belleza de una rosa, sin lucirla en el ojal.
Curro Flores
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