“La Roja”:
Lecciones desde el patio de recreo
Profeso
admiración a nuestra selección nacional de fútbol por su trabajo colectivo y
conductas individuales; las lecciones que enseñan trascienden de su
inconcebible destreza en el terreno de juego.
Hace un año,
escandalizaba nuestra atención veraniega el trasiego de fichajes y despidos de
futbolistas multimillonarios. Mientras el pueblo sufría las consecuencias de la
crisis, se nos abobaba con megalomanías peligrosas del pasado de la “marca
blanca” y sus estrategias de ingeniería y marketing. Más que bienvenidos fueron
Cristiano Ronaldo y Kaká.
De nuevo
vencimos a Alemania en alta competición, con creatividad, estilo, disciplina,
esfuerzo, humildad, y sobretodo trabajo en equipo ¡tarea de héroes!
Al ser de aquí,
ofuscados por nuestros ensimismamientos patrios, con mucha dificultad podemos
penetrar en los éxitos individuales y colectivos que nos dan nuestros
deportistas y más, sometidos al ruido de la “vuvuzela mediática”, más nacida para
la algarabía que la afinación.
Los que conviven
entre nosotros venidos de otras latitudes, además de ser “forofos” de “la
Roja”, Nadal y Gasol, nos admiran y se asombran del grado de atención que se
presta al deporte desde instituciones públicas y privadas, y de los precios tan
bajos e incluso beneficios que la práctica
o el aprendizaje deportivo tiene en nuestro país para niños y jóvenes.
Eso pasa en nuestra democracia ejemplarmente, frente al sonrojo que a la vez
producen nuestros derroches para
importar “megaestrellas futboleras”.
La lección del
patio de recreo debemos aprenderla en toda su magnitud, muy seguro de que nuestras estadísticas nos dan más
preocupación por las canchas que por las aulas. Debemos rescatar a nuestros
alumnos del fracaso escolar y las “ninimodas”.
Cada uno de
nuestros seleccionados en el campo y fuera de él, nos ha dado una lección de
trabajo, disciplina, disposición de la iniciativa, la creatividad y ambición al
proyecto del equipo. En definitiva consiguen el resultado de eso que llamamos
“excelencia”. Sus manifestaciones públicas son tan sensatas como respetuosas
entre tanta vanagloria. La antigua explosión de la “furia española”, y la raza,
deviene en cordura y buen hacer. Parece que han aprendido a someter la
mitomanía al acaecer efímero del éxito o el fracaso.
Pongamos en el
frontispicio de nuestras tareas como país y como personas, primero la atención debida y
luego el método, la creatividad y el trabajo para ser tan queridos y
homenajeados en el mundo cono nuestro excelentes cocineros y deportistas. Eso
me enseña “La Roja”.
Mientras, un
atronado, celebra el resultado con la
megafonía de su coche a toda pastilla, y me hastía con himnos imperiales que
fueron tan ociosos, mientras ondea la bandera nacional con el icono grabado del toro de Osborne.
Francisco Flores
(7 de Julio 2010)
No hay comentarios:
Publicar un comentario